Youth Lagoon, bestial concierto de indie pop siglo XXI
Por: X.Sanmartín / M. Blanco. Foto: archivo
Youth Lagoon es el proyecto personal de Trevor Powers, un veinteañero norteamericano que en cuatro años ha pasado de tocar para cuatro personas a girar por Europa llenando en Londres junto CocoRosie.

14 de noviembre de 2013 en sala Capitol, Santiago de Compostela, A Coruña
- · Grupos: Youth Lagoon + Absolutely Free
- · Público: Unas 350 personas, casi medio aforo.
- · Precio: 15 euros anticipada, 18 euros en taquilla.
- · Promotora: Festival Sinsal Outono.
Youth Lagoon es el proyecto personal de Trevor Powers, un veinteañero norteamericano que en cuatro años ha pasado de tocar para cuatro personas a girar por Europa llenando en Londres junto CocoRosie, a actuar en el reciente festival de la revista Pitchfork en París y a tocar aquí en salas de aforo medio. Su segundo disco, Wondrous Bughouse [Fat Possum Record] ofrece indie pop circular, algo carnavalesco y dramático, que vuela sobre un logrado enredo de melodías... y su concierto en el Festival Sinsal está, sin duda, entre lo mejor de este año 2013. En medio de tanto indie retro adicto a parámetros sobados, Youth Lagoon, desde la modestia de un autor que casi se esconde de sí mismo, da una lección de modernidad sin quemar el pasado.
Youth Lagoon se ha presentado en este bolo en formación de cuarteto para sorpresa de quienes pensábamos que solo iría acompañado de un guitarra. Tras la apertura de los canadienses Absolutely Freedom, a quienes no llegamos a ver pero de de cuyo show escuchamos hablar bien en los corrillos, sale a escena el propio Trevor Powers casi de incógnito para ajustar sus teclados mientras los roadies van situando los instrumentos del resto de la banda. El líder, con su aire de geniecillo pop de rizada pelambrera y amplio volumen para esconder su mirada, aparece con un pañuelo de anciana en la cabeza y una túnica de estampado psicodélico similar a las telas con que cubre la timidez lateral de dos teclados que son su prolongación emocional, el principal lo pone mirando hacia un lado de la sala [así se pasó parte de la noche, sin sus habituales gafas, mirando hacia un costado o hacia sus manos] y otro pequeño puesto frente al público. Tras ajustar sus preperativos, se va y regresa tras diez minutos donde la sala se ha ido llenando de serenidad gracias a un fondo musical manso a base piano mano son tos de arritmia perfecto para bajarnos a tosos los biorritmos.
The Year of Hibernation, el disco de debut, resulta algo frío en la primera escucha pero ya demuestra que tras sus composiciones hay algo más que indie lo fi para escuchar en habitaciones sin luz. Cortes de ese álbum y del nuevo hilan un set donde cabe algún deje de melodía circense que hace pensar que a Tim Burton le gustaría estar aquí poniendo visuales a canciones como Attic Doctor perfecta para montarse en los caballitos de un carrusel dream pop
Powers forma junto a un batería que tiene por comodín un panel digital, un bajista barbado que no se quita un solo segundo su gorro de marino y un guitarrista cuyos punteos cristalinos tienen mucha cabida como perfectos aliados y/o contrapunto de tantas texturas.
Al tercer tema, Powers sale de la cueva de sus teclados. Encorvado da unas pequeñas vueltas por el escenario cantando con el micrófono agarrado a dos manos. Su voz usa muchísimo reverb, es una voz nasal, de eterno adolescente, más que cantar aporta capas a un concierto planteado como un todo, como un discurso, no como suma de canciones si no de estructuras, de paisajes.
El uso de ruiditos pregrabados le sirve para matizar, añadir o quitar colores a la paleta de riitmos y melodías que se repiten sin cargar, nubes sonoras que flotan, se solapan o se disipan, alternando explosiones de azules con descensos a tempos de susurro. Siempre transmitiendo emoción, como parte de un sueño lleno de reverberación....
Detrás de un "Gracias Santiago", el repertorio avanza y notamos a los veinte minutos que toda la banda ha preparado al detalle este directo. Saben por dónde van aunque no sepan a dónde. No hay final del camino porque algunos temas duran ocho o nueve minutos y se contagian unos a otros con una naturalidad que da al repertorio ese carácter de un todo que no suma de partes.
En cortes como Cannons, Youth Lagoon regala detalles pegadizos que rescatan a este compositor pop de ser mero habitante del cajón de la psicodelia friki.
Powers parece un duendeo. A veces tiene ramalazos de rabia convertida en gritos que remiten al John Lennon final, el que se dejó empapar por la apertura de Yoko Ono, pero tampoco está lejos de las texturas de Pink Floyd o de Franz Zappa, otros iconos del ayer en sintonía con este norteamericano que sin embargo suena realmente a frescura made in singlo XXI [¡un saludo a Tomás Fernando Flores!].
"Freedon in my mind". Así reza el tatuaje que Trevor tiene en su antebrazo derecho aunque en la actuacion veamos más el polígono enigmático dibujado en su otro brazo.
"Raspberry Cane", y "Pelican Man", ambas del nuevol trabajo, se unen a un concierto donde hasta las luces están cuidadas, con sendas torres de dos metros poniendo naranjas y rojos en las esquinas sin irradiar demasiada luz aunque siempre bien ajustada al set list.
"Mute", otra canción novedosa, también genera un momento especial gracias al fraseo final de la guitarra que juega feliz con dibujos de teclados y enigmáticos ruiditos puestos como ecos de una piedra tirada al agua... y Trevor agita la cabeza al compás sobre su mar de teclas, melodías y suspiros.
"Thank you sou much" [muchas gracias], dice al cumplirse una hora de viaje. Es el preludio de un largo tema final planteado como catarata sónica... Ovación, larga, como otras previas... "We love you" [Os queremos], dice este emergente talento norteamericano antes de marcharse a los camerinos para volver un minuto después y cerrar con una canción extra una bestial actuación de 75 minutos que llenan más que 75 conciertos de una hora.
Houston Party Recodrs, la promotora que ha impulsado su gira, y el festival Sinsal, promotor de este bolo, pueden estar contentos porque esta vez... hasta los rizos de Trevor Powers marcharon felices. Y en el carrusel del patio de atracciones que tiene por musica Youth Lagoon... los caracoles de esos rizos aun sueñan.
