Thin Lizzy... The Boys Are Back in Town
Por: M.B. Foto: archivo
La energía con un punto de épica, romanticismo, define al buen rock irlandés, así suena el folk de los Pogues o el hard rock de Thin Lizzy.

12 de febrero de 2012 en sala Capitol, Santiago de Compostela, A Coruña
- · Grupos: Thin Lizzy.
- · Público: 450 personas [medio aforo]
- · Precio: 30 euros en venta anticipada, 35 taquilla.
- · Promotora: All Night Long Agency.
La energía con un punto de épica, romanticismo, define al buen rock irlandés, así suena el folk de los Pogues o el hard rock de Thin Lizzy, grupo donde quedan tres miembros originales que han sabido fichar a tres más [uno guitarrista de Guns N'Roses] para mantener en gira temas clásicos que honran lo mejor de su discografía setentera.
Ya no están ni Phill Lynott ni Gary Moore, el primero fundador-líder, el segundo clave en los 80, pero fue cruzar la puerta y notar al instante que Thin Lizzy son algo más que otro grupo haciendo caja con la nostalgia. Cuando a la media hora se toca "Whiskey In The Jar", uno de sus temas más conocidos, es que en escena hay nivel. Buen sonido, alto pero con matices y actitud festiva, ¿para qué más?
Los tres miembros originales que están ahora en la banda cuentan con dos componentes nuevos que saben llevar el peso a la hora de mover al público. Por un lado, el vocalista Ricky Warwick, que entró en la banda hace dos años, y que berrea con su melena a lo Bon Jovi, vistiendo pantalones de cuero y dando palmas de forma constante con unos brazos hipertatuados; por otro, el guitarrista Richard Fortus [en su día, fichado pro Axl Rose], que aparte de sus solos vitalistas, transmite optimismo, como cuando pone el mastil entre las primeras filas o ves que se pasa medio concierto cantando cada letra sin micro, detalle que revela cómo disfruta tocando.
Los domingos son días complicados para hacer conciertos, como dijo alguien al acabar su bolo en Santiago, ¿qué hacemos ahora si solo son las diez y media pasadas? Pero mereció la pena...
Saltando del hard rock al rock and blues de la escuela Moore, hubo cortes con ritmo boogie para que bailase media sala mientras el teclista, Eric Wrixon [cofundador] gozaba con su look sereno propio de un baladista pop tipo Camilo Sexto: camisa blanca de manga floja desabotonada para lucir el crucifijo y sonrisa pícara detrás de sus teclados Kurt Weill.
El hard rock vacilón sonó al llegar "Cowboy Song" [clásico del disco Jailbreak, 1976], corte lleno de cambios de ritmo antes de meterse en otra composición de ese mismo álbum, "The Boys Are Back in Town", hit cantado a ratos por el público, aceleró la fiesta con su pegadizo riff, carne de air guitar hero.
En esa filosofía de respeto-cariño a los componentes originales, se trató de lucir los punteos de Eric Bell [cofundador] añadiendo un solo del batería Brian Downey, que tocó desde una plataforma entre bombos y cajas marca Natal de color rojo brillante con gotas plata y su nombre inscrito en ella. Dio tres o cuatro minutos de respiro a sus compañeros en un monólogo aplaudido que a otros nos supo a nada.
También hicieron "Emerald", cuyos solos agudos fueron otra pausa perfecta para su hiperactivo vocalista. Ese corte, por cierto, lo han tocado en Inglaterra con el hijo de Gary Moore, Jack Moore, como invitado sorpresa, buena muestra de cómo respetan a los Thin Lizzy ausentes. También hubo lucimientos para escalas conocidas en "Sha La La", donde Marco Mendoza, bajista, puso caras rarísimas y pose chulesca al estilo sleazy, mientras tocaba con un pie sobre su ampli.
Apunte para músicos: tocaron con amplificadores Wizard, auténticos tanques.
En esa parte final no faltó, "Rosalie", coreado por un auditorio con mucho cuarentón pero también veinteañeros, mezcla con predominio masculino.
El bis, bien pedido, no como días antes el de los Misfits, que salieron al minuto sin que nadie lo pidiera [hoy día, el bis ya casi va incluido en el precio], empezó con unos Thin Lizzy desatados con "Bad Reputation", sonando crudos, como si fuera el primer corte de la noche y tuvieran que ganarse desde el primer minuto a un público difícil.
Tras ese trallazo, con la gente rendida y ellos haciendo gestos de agradecimiento y orgullo como alzar los puños o llevarse la mano al corazón, tocaron otro corte vivo, con guitarristas, cantante y bajista, cambiándose de sitio, algo que hicieron varias veces sobre todo en los solos de guitarra... poco antes de cerrar con el rock de alma folk de "Black Rose" [de Black Rose: A Rock Legend, 1979], tocada con arreglos cuidados, yendo del hard rock a momentos de balada, del casi silencio al crescendo para concluir unos 100 minutos de show a la altura de la leyenda aunque hoy ya no estemos todos.
Sonando sobrados pero sin presumir, este concierto manda un tuit a las bandas nuevas y a quienes dudan de los veteranos.
