CRÓNICA: Symphony X - Santiago de Compostela, A Coruña, Octubre, 2011

Symphony X... we are strong


Por: M.B. Foto: archivo

Symphony X fue hace 8 años el grupo telonero de Stratovarius y hoy nos visita con dos bandas invitadas, una evolución que debe mucho a su actual vocalista, Russell Allen.

Symphony X, crónica de concierto

16 de octubre de 2011 | M.B. Foto: archivo
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16 de octubre de 2011 en sala Capitol, Santiago de Compostela, A Coruña

  • · Grupos: Symphony X + Pagan's Devil + PDG
  • · Público: Algo más de media entrada / Unas 450 personas.
  • · Precio: 20 euros anticipada, 24 euros en taquilla.
  • · Promotora: Rock On Rock / Sweet Nocturna.

Symphony X fue hace 8 años el grupo telonero de Stratovarius y hoy nos visita con dos bandas invitadas, una evolución que debe mucho a su actual vocalista, Russell Allen. En el metal progresivo es tan importante la maestría instrumental como la capacidad de transmitir del cantante. Y en Santiago, la noche empezó a arder con un grito contundente de Rusell: "¡We are strong!"

Symphony X tienen un nuevo disco, Iconoclast, y están tan empeñados en promocionarlo que el único pero a su show en Galicia es que el repertorio se centrase demasiado en ese álbum, dedicándole tres cuartas partes de todo el set-list. El grupo es un grupazo, eso se palpa a los tres minutos pero por una vez creo que la Capitol, donde caben 800 personas, se quedó pequeña para su tipo de show y sonido. Sonaron tan tan tan alto que, a ratos, se emplastaba el conjunto, perdiéndose a veces los teclados pero lo fuimos olvidando a medida que su vocalista nos empezaba a agarrar por el cuello.

Allen arrancó tranquilo, echando tragos de agua y moviendo su mastodóntico cuerpo con pereza. Como buen diablo, sabe mil idiomas y ha estado en mil batallas, de ahí que al tercer tema ya tuviera las primeras filas a sus pies. Con sus puños apretados nos gritaba... "We are strong... ", repitiendo... "We are strong...", con los brazos en alto transmitiendo la idea clara de que el metal es el estilo más fuerte por cuerpo y por alma.

En ese arranque sonaron cortes nuevos como "Bastards of Machine", sin apenas pausa salvo en "When all is lost" y algún que otro respiro para la garganta de Russel aprovechando en los esperados solos de guitarra de Michael Romeo [por cierto, no cambió de guitarra en toda la noche, todo lo contrario que otro maestro que visitó la sala un mes antes... Paul Gilbert, de Mr. Big, que usó cinco guitarras].

El calor en la sala era tal que Russel, a quien hay que agradecer que practicara lo que sabe de castellano [bastante], insitió varias veces en que hacía muchísimo "caliente", esfuerzo por comunicarse y por citar la palabra "Santiago" que diferencian a un gran cantante metal de uno bueno. Por otra parte, tiene una dicción maleable capaz de pasar del tono infierno al tono medio sin pagar peaje en la frontera, cantando de forma natural, sin forzar, pero vuelvo al tema del volumen, sonaba tan alto que cuando le subían el rever al micro y él gritaba algunos nos tapamos los oidos [vimos que lo hacían varias personas cuando creíamos ser los únicos].

A la hora en punto, dijeron adios con "Of sins and shadows", del que para muchos sigue siendo su mejor cd, The divine wings of tragedy [1997], álbum con el anterior cantante. Entonces, las sombras de la duda visitaron el local. Su regreso para el bis se hizo rogar más de lo habitual. Ayudó a que volvieran los gritos futboleros del... "Oé, oé, oé..." y sobre todo, el... "Symphony, Symphony..." frente a un telón adornado con una gigantesca pancarta con el nombre de la banda y la equis a tamaño XXXXXXXL.

Ya de vuelta, sonando bien pero insisto, excesivamente alto, los norteamericanos afincados en New Jersey echaron la vista atrás para añadir casi media hora de show. Dispararon la fiesta con tres o cuatro temas extra, entre ellos "Eve of seduction" y "Set the world on fire", ambas del disco previo, Paradise of Lost [2007], dejando claro por qué tocan seguidos casi todos los temas del Iconoclast en su actual tour, porque... entrando bien, aún no llegan al nivel de sus clásicos.

A destacar las muecas del barbado Russel, su proximidad dando la mano a la gente más entregada en medio del concierto, repartiendo saludos, botellas de agua y sonriendo al final con toda la banda junta saludando, lanzando cuatro baquetas y varias púas desde el escenario.

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