Rufus Wainwright... una noche sin ella [pero con él]
Por: Pablo Lede Mouriño
Rufus Wainwright es un artista carismático y encantador, poseedor de una voz espectacular e inconfundible. En la calle se percibía una gran expectación entre el público que hacía cola para entrar.

30 de junio de 2010 en Centro Cultural Caixanova, Vigo
- · Grupos: Rufus Wainwright
- · Público: Lleno [1.100 personas].
- · Precio: 25/35 euros
- · Promotora: Ciclo Xacobeo Importa.
Rufus Wainwright es un artista carismático y encantador, poseedor de una voz espectacular e inconfundible. En la calle se percibía una gran expectación entre el público que hacía cola para entrar. El bellísimo teatro del Centro Cultural Caixanova se presentaba como el marco idóneo para acoger a Rufus y su piano. Todos los elementos apuntaban a una gran noche. Entonces, ¿qué fue lo que sucedió? ¿Por qué me voy de un concierto en el que nada ha fallado, ni el artista, ni el público, ni el sonido, ni el ambiente, con la sensación de que lo que podría haber sido una noche memorable no quedará en mi recuerdo más que como una velada agradable? La respuesta, creo, se halla en el repertorio del show: las canciones de All Days Are Nights: Songs For Lulu, su nuevo disco, en las que se basó principalmente el espectáculo, no son ni las mejores (de hecho posiblemente sea su peor disco), ni las más apropiadas para animar y mantener la atención del respetable.
La ejecución de las nuevas piezas en directo me produjo la misma impresión que en disco, es decir, sensación de monotonía y de cansancio, además de mostrar un escaso poder de conexión emocional con el público. Uno comprende que las circunstancias en las que fueron concebidas estas nuevas canciones no son precisamente felices, con la enfermedad y la muerte de su madre (la también artista Kate McGarrigle, autora en compañía de su hermana Anna de un par de discos memorables a mediados de los años setenta) como telón de fondo, pero no creo que ello pueda considerarse como eximente para un concierto excesivamente plano y lineal que apenas se salió del esquema marcado cuando, a media actuación, Rufus fue relevado al piano y, micro en mano, interpretó algunos de los temas del disco-homenaje en el que recrea el concierto de Judy Garland en el Carnegie Hall que editó en 2007. Los mejores momentos de la actuación llegaron en el tramo final de la misma, al intercalar entre las nuevas canciones tres clásicos como son "The Art Teacher", "Cigarettes And Chocolate Milk" y "Going To A Town", que animaron a un público que hasta entonces apenas había mostrado su entusiasmo y que incluso llegó a acompañar con palmas la despedida del concierto a ritmo de foxtrot, de nuevo con Rufus únicamente al micrófono.
En conclusión, un buen concierto que podría haber sido grandioso si el repertorio lo hubiera permitido, pero que no pareció dejar mal sabor de boca entre los asistentes a tenor de los comentarios que el abajo firmante cazó al vuelo mientras abandonaba el teatro del Centro Cultural Caixanova.

