La M.O.D.A. y Bomba Estéreo triunfan en el Río Babel 2026 y Katy Perry cumple
Por: Sergio Santos - Patricia Hedrera
El festival Río Babel 2026 celebrado en Rivas Vacíamadrid incluyó conciertos de Ultraligera, La Pegatina, La M.O.D.A., Amaia, Chambao, Iseo & Dodosound, The Offspring, Molotov, Katy Perry, Bomba Estéreo, La Casa Azul, y LA GANZUA ha estado allí para informar in situ.

3 de julio de 2026 en Auditorio Miguel Ríos, Rivas Vaciamadrid
- . Grupos: - Viernes 3 de Julio de 2026
Ultraligera, La Pegatina, La M.O.D.A., Amaia, Chambao, Iseo & Dodosound, Bandalos Chinos, Louta, Juventude, Machaka.
- Sábado 4 de Julio de 2026:
The Offspring, Caramelos de Cianuro, Chiquita Movida, Eskorzo, Alan Sutton y Las Criaturas de la Ansiedad, Son Rompe Pera, Ilan Amores, Irepelusa, Oslo Ovnies, Molotov.
- Domingo 5 de Julio de 2026:
Katy Perry, Bomba Estéreo, La Casa Azul, Yami Safdie, Tú Peleas como una Vaca, Yadam. - · Recinto: Auditorio Miguel Ríos (Rivas Vaciamadrid, Madrid).
- · Público: Unas 48.000 personas, unas 16.000 por jornada.
- · Promotora: Sonde3.
El festival Río Babel lleva casi una década amenizando el primer fin de semana de julio en Madrid, y aunque ha estado ya en tres localizaciones diferentes (primero en IFEMA, después en la Caja Mágica y ahora en el auditorio de Rivas), la esencia del festival pervive inmutable: presentar un cartel siempre variopinto con artistas de ambos lados del charco, muchos de los cuales es casi imposible ver en otro formato. Y edición tras edición se demuestra que la fórmula funciona, y ya se sabe: cuando algo funciona, ¿por qué cambiarlo?
La jornada inaugural del Río Babel 2026 comenzó bajo un calor abrasador (nuestro coche marcaba 41°C cuando lo aparcamos) y con la música a mitad de camino entre el reggae, el dub y el trip hop de Iseo & Dodosound. El dúo navarro en directo se ve arropado por una banda de metales que le aporta un toque orgánico a las bases disparadas por Dodosound. La voz de Iseo sobrevuela sobre el conjunto en un spanglish aderezado con algunas expresiones en euskera (no en vano ella, de nombre real Leire Villanueva, nació en Pamplona), y el resultado es un refrescante concierto muy disfrutable y correcto.
El primer plato fuerte de la jornada y el festival llegó de la otra punta de la península: Chambao, el grupo gaditano que llevó a la fama a La Mari hace ya un cuarto de siglo (y precisamente eso es lo que están celebrando: los 25 años de actividad de la banda). En los primeros dos miles sonaron en radio, tele y garitos con temas como Ahi estás tú y Pokito a poko, y el paso del tiempo y la salud (La Mari ha atravesado y vencido no ya uno si no dos cánceres) no han mermado ni un ápice el embrujo de sus ritmos y letras. Hipnotizante actuación de generosa duración, rozando la hora y cuarto, con la banda sonando compacta y definida a pesar de la variedad de instrumentos y sonoridades -incluso con La Mari ocupando el set de percusión en alguna ocasión- y con un público bailón y participativo a pesar de la canícula.
El bajón llegó con la actuación de Amaia. Hace ya una década que la navarra saltó a la fama tras participar en Operación Triunfo y siempre hemos admirado su falta de pelos en la lengua, pero en esta ocasión creemos que “se pasó de frenada” con su desparpajo. En primer lugar, en vez de dar acceso a los fotógrafos al foso en las tres primeras canciones como es habitual, nos tuvieron esperando sin indicaciones exactas hasta que, cansados de esperar, nos fuimos de allí a aprovechar mejor nuestro tiempo. Este es el motivo por el que no veréis fotos de Amaia en nuestra crónica ni en nuestras redes. Feo detalle. Que en determinado momento del concierto dijese que “para esta canción estaría genial si cerrásemos la puta boca... Bueno, es broma, pero realmente sí que molaría algo de silencio” pues tampoco le hizo ganar muchos puntos. Y por último, la curiosa elección del repertorio, con muchas baladas y canciones excesivamente lentas, muy poco aptas para un macro festival a las 22 horas. En fin, no todo van a ser alabanzas. Cuando no gusta, no gusta y hay que ser sinceros.
De vuelta al escenario principal, todo lo contrario con el concierto de La M. O. D. A. La Maravillosa Orquesta Del Alcohol, capitaneando la jornada y demostrando por qué siguen siendo cabezas de cartel en festivales de diferentes géneros y en todo el país. Con un repertorio infalible (incluso estando basado en San Felices, su disco más reciente) y un sonido impecable (algo realmente reseñable teniendo en cuenta que son siete músicos en escena), los burgaleses tuvieron al público madrileño enganchado durante hora y media. Mención especial merece Tony Tamargo (guitarrista de Ilegales en el último lustro), sustituyendo a última hora a Jorge Mariscal, el bajista de La MODA, por lesión. Aprenderse un repertorio de 22 temas en un par de días nos parece realmente meritorio, ¡un hurra por Tony! Otro momento reseñable del concierto llegó cuando un aficionado de las primeras filas saltó la valla y subió al escenario directamente a hablar con David Ruiz; el equipo de seguridad acudió al instante, pero David los tranquilizó y les pidió que le dejaran hablar, cediéndole el micrófono al espontáneo; aprovechó el momento y el escaparate para explicar y reivindicar los motivos de la huelga que mantienen desde hace semanas los profesores de la educación pública infantil madrileña, ganándose el aplauso unánime del público y de La MODA. Un bonito detalle que eleva un poquito más si cabe a la banda castellana, que emociona sin proponérselo y derriba muros y prejuicios con cada acorde y cada verso. Qué lujo.
La Pegatina son unos habituales en el circuito de festivales y, aunque la fórmula de ska-rumbita, confetti y cerveza tibia quizá esté algo manida, la verdad es que sigue funcionando para casi cualquier horario y escenario. Los evidentes hits (Y volar, Mari Carmen, Y se fue o Lloverá y yo veré) fueron lo más coreado en Rivas, pero la banda catalana tiene más de veinte años de experiencia y es capaz de enganchar aún con canciones menos conocidas, y con los diferentes medleys instrumentales de canciones y bandas sonoras famosas con las que fueron regando su setlist.
La traca final de la primera jornada llegó con el directo de Ultraligera. La jovencísima banda madrileña ha irrumpido en el panorama del indie rock nacional como un trolebús, rompiendo hace unos pocos meses el récord de salas en Madrid (siete Rivieras, 14.000 personas) con solo un álbum publicado y apuntando muy alto. Aunque técnicamente no eran cabezas de cartel del Río Babel, la realidad -constatada por los cientos de camisetas entre el público y por las apreturas en las primeras filas, inexistentes en el resto de conciertos- es que ejercían de facto como tales. Arrancando con Lapsus, la canción que da nombre a su gira actual, el concierto fue un subidón continuo sin casi espacios para el descanso o la calma. La energía casi animal de Gisme, líder y cantante, empasta bien con la insolente intensidad de la música y las letras fácilmente digeribles y relatables - sin duda clave de su éxito. La traca final llegó con Gisme trepando al balcón de la grada izquierda, con el público cantando en una capella casi perfecta el estribillo de La Basura y pidiendo insistentemente “otra, otra” tras la conclusión con Matanza en el hotel. Antes de irse, la banda reconoció que su relación con Madrid nunca había sido del todo fácil, pero que conciertos como el del Río Babel van allanando el camino.
La segunda jornada del Río Babel 2026 llegó con el mismo calor y con más problemas para aparcar que el día anterior, síntoma inevitable de lo que acabamos constatando a medianoche: la asistencia era mayor que el día anterior. Llegamos al festival a tiempo de pillar la actuación de Eskorzo, la inclasificable banda granadina que siguen retando al algoritmo con su fusión de ska, cumbia, rock, swing y gypsy punk. Injustamente relegados al tercer escenario (peor orientado y con más calor que en los dos principales), demostraron que no son banda de relleno y que deberían disfrutar de mejores tablas y horario.
De ahí al escenario uno, donde Molotov iban desgranando uno a uno su abanico de himnos de rebelión antiimperialista y macarra. La banda mexicana es siempre garantía de pasar un buen rato independientemente de cuánto conozcas de su extensa discografía, y el público de Rivas dio buena cuenta de ello. Temas como Frijolero, Gimme Tha Power o Chinga tu madre fueron caldeando el ambiente hasta el clímax final con Puto, que puso a saltar al respetable tanto en la pista como en la grada castigada por el lorenzo.
Momento de sorprendernos de nuevo (aunque en el sentido opuesto al de Eskorzo) por el horario y escenario propuestos para Chiquita Movida; el nuevo grupo de Rayden, formado el año pasado tras el par de años de retirada del rapero madrileño apenas tiene un álbum y un par de singles publicados sin llegar a conectar con un público masivo, así que la sensación generalizada entre el -inicialmente escaso- público del escenario dos era de “¿y estos quiénes son?”. Pero la puesta en escena casi teatralizada, un ramillete de canciones pegadizas acompañadas por el tono y cadencia al cantar de Rayden y unos visuales divertidos y desenfadados consiguieron derribar el escepticismo inicial, y podemos afirmar que al terminar la actuación los estarían viendo fácilmente cuatro o cinco veces más personas que al comienzo. La pura definición de triunfo por convencimiento.
Aunque hablando de público abundante, en el escenario uno se agolpaba ya la mayor concurrencia del festival: casi 17.000 personas reunidas para ver a The Offspring. La banda está inmersa ya en su cuarta década de actividad, y aunque su pico de popularidad llegó a mediados de los años 90, aún hoy siguen siendo relevantes y uno de los grandes abanderados de ese skate punk que sonaba en videojuegos, anuncios de TV y radios hace 30 años. Los cientos de camisetas y banderolas de la banda entre el público dejaban claro que iba a ser un concierto intenso y así fue: capitaneados por Dexter Holland a la voz y por el icónico Noodles a la guitarra, los californianos fueron repasando a saltos gran parte de su discografía. Solo una canción, Looking Out For #1, pertenece a su último álbum, Supercharged, de 2024; la mayoría del repertorio lo extrajeron, como es lógico, de sus dos álbumes más populares: Americana (1998) y Smash (1994). Tras ganarse al respetable con versiones de Paranoid (de Black Sabbath), Crazy Train (Ozzy Osbourne) y, sorprendentemente, Love Story (de Taylor Swift), el momento álgido del show llegó con The Kids Aren't Alright, You're Gonna Go Far,Kid y Self Esteem. Un concierto guitarrero, por momentos algo repetitivo (el género es el que es) pero más que correcto y que dejó con muy buen sabor de boca al público. Por cierto, de Offspring tampoco veréis fotos en nuestra reseña porque -aunque nos consta que la organización del festival intentó pelear para evitarlo- la oficina de la banda mandó un contrato previo con condiciones que no considerábamos aceptables para los fotógrafos. Una pena.
El cierre de la jornada llegó con una banda que no estaba en el cartel original del festival: Alamedadosoulna, banda madrileña que fueron los encargados de sustituir, a menos de 48 horas del comienzo del festival, a Caramelos de Cianuro. La veterana banda de rock venezolana no pudieron acudir al que iba a ser su primer concierto de la temporada debido al terrible terremoto que asoló Venezuela hace un par de semanas, así que el festival tuvo que buscar un reemplazo rápido. Alamedadosoulna son garantía de un buen rato y así lo demostraron, con un despliegue de ritmos y sonoridades ska y funk hasta bien pasadas las dos de la madrugada.
La tercera y última jornada del Río Babel 2026 llegó bajo la canícula madrileña, y comenzamos conociendo a un artista sorprendente en el tercer escenario: Yadam, cantante venezolano afincado en París, que se entregaba ante un público escaso pero participativo. Explicó abiertamente que gran parte de su música (y de su impulso para hacerla) proviene de ser un hombre queer criado en una familia típica cristiana de una sociedad latinoamericana tradicional. O, como él dijo resumiendo al presentar su tema Otras mujeres, “esto va de ser marica cuando se supone que no debes serlo”. Divertida e intensa propuesta, muy apropiada para cerrar la semana del Orgullo LGTBI en Madrid.
De ahí al escenario dos, donde Bomba Estéreo (ya habituales en este festival) pusieron a bailar y corear a una buena concurrencia con sus contagiosos temas a mitad de camino entre el folclore latinoamericano, la cumbia y una electrónica orgánica y natural. Estos colombianos han cumplido ya 20 años fusionando ritmos caribeños con rock, rap y reggae y saben muy bien lo que funciona en un festival como el Río Babel: canciones como To My Love, Champeta Romántica (en la que Li Saumet se bajó a cantar entre el público) y la genial Fuego en una versión alargada con breaks instrumentales y fragmentos de otras canciones. Un concierto más que disfrutable con el que vimos caer el sol por tercera y última vez sobre las colinas que separan Rivas de la capital.
El colofón al festival llegó con la esperadísima actuación de Katy Perry. La californiana viene de llenar ella solita el Palacio de los Deportes en noviembre del año pasado, así que verla en un festival de medio formato era un lujo que justificaba el agolpamiento de la multitud alrededor del escenario Johnny Walker. Vestida con corbata ‘yankee’, gemelos canadienses y camisa y medias de “colegiala mala”, Katy desplegó lo esperado a nivel musical y visual: una caterva de hits de ese pop luminoso-pero-oscuro tan suyo (mención especial para Dark Horse, el que fue su último gran hit en 2014) amenizada con un despliegue de bailarines, pantallas y diferentes elementos escénicos con los que iban interactuando, incluyendo una bandera gigante de España y una botella de plástico gigante con la que hizo crowdsurfing durante I Kissed A Girl. Bastantes pregrabados en la música y bastantes apoyos vocales (Katy reconoció que llevaba unos días acatarrada y le faltaba voz, una pena) que no parecieron importarle al público, que tanto en la abarrotada pista como en la grada bailó y coreó hasta el mismo final del concierto, con Roar y Fireworks.
El cierre del festival, ya técnicamente en la madrugada del lunes, llegó con La Casa Azul, el proyecto de Guille Milkyway. Confetti, fuego, chispas y letras coreables para terminar de estirar el chicle de su álbum La gran esfera (2019) con el que llevan un lustro girando en el mismo formato y con prácticamente el mismo escenario. ¿Repetitivo? Quizá. Pero si algo funciona (y este show funciona muy bien) es entendible que no se cambie. Temas como El momento y Podría ser peor fueron muy coreados y saltados por el pasional público, y el cierre con La revolución sexual y Nunca nadie pudo volar (con gran parte del recinto ya vacío) dejó muy buen sabor de boca y fue un buen punto y final a la novena edición del Río Babel.
En resumen, ha sido un festival muy disfrutable, variado, cómodo y en cierto modo “diferente” a la mayoría de festivales que pueblan casi cada rincón del país. Vemos especialmente acertada la decisión de agrupar estilísticamente cada una de las jornadas, permitiendo así que el público se organice mejor y maximizando la venta de entradas de día. Ojalá tomen nota otros festivales que intentan justo lo contrario con resultados variables pero generalmente malos. De momento, Río Babel parece que sigue por la buena senda.





