Primal Scream, la sombra de Bobbie Gillespie aún se mueve
Por: Marisol Blanco G. / Xabier S. Cuevas. Foto: Javier Amosa
El magnetismo escénico de Bobbie Gillespie, cantante de Primal Scream no tiene igual. Canta y vagabundea con foco propio. Actúa hipnotizado.

6 de septiembre de 2013 en Praza da Quintana, Santiago de Compostela, A Coruña
- · Grupos: Primal Scream + Dirty Socks.
- · Público: Algo menos de media entradas [unas 2.500 personas]
- · Precio: 20 euros anticipada, 24 euros taquilla.
- · Promotora: Concelllo de Santiago [Ayuntamiento de Santiago]
El magnetismo escénico de Bobbie Gillespie, cantante de Primal Scream no tiene igual. Canta y vagabundea con foco propio. Actúa hipnotizado. La dosis de psicodelia pop y guitarras stonianas de su grupo emite una longuitud de onda que solo él escucha. Baila como un Bryan Ferry manchado de excesos o un Jarvis Cocker [Pulp] más canalla pero menos miope. Lleva años cayéndose y nunca cae. Ojalá su mirada perdida nunca acabe triturada por el mainstream como lo está la boca de Mick Jagger. En Santiago de Compostela, su mirada perdida de Swastika Eyes arrasó sin necesidad de bis. Dijo adios tras 80 minutos de concierto y nadie protestó. Días después, su sombra aún se mueve entre las piedras de la Quintana.
Primal Scream debían haber actuado el 31 de julio en la capital gallega pero el día 24, noche grande de las Festas do Apóstolo, el accidente de un tren de Renfe [ADIF] sembró de luto los festejos compostelanos tras un balance con más de setenta personas fallecidas. Por entonces, la organización aseguraba que ya se habían vendido 4.500 entradas, aforo que tras las devoluciones de la cancelación ha terminado con una Praza da Quintana a mitad de aforo con unos 2.500 asistentes en un clima muy distinto [de temperatura y espíritu]. Y así, la banda que ha arrasado en el Festival Internacional de Benicàssim 2013 [FIB] y el público asistente nos juntamos en Santiago sabiendo que, de partida, ya nada era igual.
Bobbie Gillespie no tiene par. A las 22.30 h. [21:45 h., hora prevista] aparece en escena. No se mueve, deambula, delgadísimo, luce su clásica barba de tres días, pantalones negros ajustados y una camisa de licra plateada que genera brillos de discoteca setentera. Arranca con paso de baile, tocando lo que toca: "2013", una canción de no More light, ese nuevo disco que les conecta con lo mejor de una discografía iniciada en 1987 cuyos primeros discazos les conectaron con el mejor sonido Madchester [MAD, locura], léase Happy Mondays como padres, Stones Roses como primos. En escena, un saxo soplando intenso, dos guitarras, batería, teclados y la novedosa presencia de Debbie Googe [bajista de My Bloody Valentine] en lugar del recién llegado Simon Butler, que suplió a su vez al habitual Manny Mounfield...
Colados entre las primeras filas, en una zona desahogada salvo para ir y venir con los bocks de cerveza [a 6 euros en la barra de abajo, a 5 euros en el bar de arriba, el único situado dentro del recinto], nos vamos creciendo tras la flojísima actuación de la banda santiaguesa Dirty Socks. Su cantante y su bajista parecen más preocupados de su flequillo que de tocar [hubo chicharras, acoples], en resumen, una oportunidad perdida.
Tras el presente, Primal Scream nos lleva al ayer de 1991, año de Screamadelica, para muchos el mejor disco de los años 90, algo que en nuestra Redacción nadie firma de modo tan rotundo aunque lo hayamos bailado todos salvo los colaboradores que por entonces eran niños ;). Rescatan de ese álbum "Movin' On Up", uno de esos cortes que en el pasado festival de Glastonbury (UK) Bobbie cantó con tres coristas y que esta noche suena algo menos festivo. Eso sí, se agradece que la banda bata palmas animando al resto... [una hora después las ovaciones entre las primeras filas ya van volando espontáneas].
Las caderas ya se mueven a tempo medio. "Gracias, gracies, thank you...", farfulla Bobbie antes de que suene el inicio del primer gran hit del set list: "Jailbird", de Give out but don´t give up [1994] con él tocando la pandereta a ratos, creemos recordar [es lo que tiene firmar una crónica a cuatro manos]... y para que nadie se piense que se venden al enemigo cambian el paso. La acidez, la penumbra peligrosa de las líneas de bajo, late con "Hit Void". Así devuelven el ambiente a terreno de psicodelia, de palpitación fuera de límite sonando como los dEUS más oscuros con Andrew Innes sacándole chispas al mástil de su guitarra, casi rasgando o disparando [en otro tema simula dispararse mutuamente con el otro guitarra, Barrie Cadogan, incorporadao en 2006]...
Tocan desde un escenario de negro riguroso roto por una batería rojiza en medio de un equipo con abundancia de Marshall. Aprovechan la lógica expectación, la paciencia de todo inicio en un bolo ajeno a un festival, para darle tregua a un Gillespie a ratos casi catatónico, a su bola, a su aire pero no desairado, y tocan "Shoot speed, kill light", ese corte casi instrumental extraido de Exterminator [2000]. Momento en que nos turnamos para ir al baño. Allí descubrimos colas de veintitantas personas en cada uno de los únicos... ¡tres baños instalados!. Increible. Igual que hay que destacar que la organización ofrezca un palco para personas con movilidad reducida debemos criticar que tras pagar 20 o 24 euros el público deba estar lejos del escenario haciendo cola quince minutos cada vez que va al baño, toda una aventura.
En plan aventurero se ponen Primal Scream con "River of Pain", composición del útimo trabajo. Es un tempo relajado con ritmo de trip hop, base rítmica casi arábiga donde el frontman de Glasgow abre los brazos y planea sobre arenas de un desierto imaginario. Luego llega el adiós a Johnny, el "Goodbye Johnny", no sin antes ver como Bobbie se acerca a Innes para indicarle que en el flanco izquierdo de la plaza aparece iluminado sobre la piedra oscura el logo del ayuntamiento compostelano justo sobre una gigante cruz grisácea, un detalle ornamental que le llama tanto la atención que vuelve a señalarlo varias veces durante el show. Este corte de adiós es todo elegancia, con el saxo justificando de nuevo su presencia al rodear una canción hecha para cualquier crooner de un garito perdido de las carreteras que pinta el cine de David Lynch.
Pasados tres cuartos de hora, la noche pide un crescendo y suena... la intro sincopada de "Swastika Eyes", un rompepistas de los años 90 que aún propulsa sangre, corazón y mentes. Bobbie se arremanga. El público corea con ganas, sabe que vivimos otro de esos momentos esperados que amortiza una entrada. Desde ahí hacia el final de su actuación, todos, al menos, en las primeras filas, ya... estamos desbocados. Los británicos montan el bis antes del bis encadenando... "It's Alright, It's OK" [corte nuevo con alma de himno de hermanamiento soul] dejando para el cuarto de hora final "Country Girl" [una amiga nuestra lo define como rock and roll de Burger King] hilada con "Rocks" con la fiesta acelerada y coros volando con... "Get your rocks off, Get your rocks off, honey... Shake it now now".
Entre todos invocamos lo mejor de esos Stones que hace décadas que se imitan a sí mismos. Y en medio de la cola de cierre con apoteosis de luminotecnia, Bobbie se marcha el primero mientras la simpática Debbie regala su pua... y todos a cenar porque dos días después deben actuar en Estambul, Turquía.
Mientras, en Santiago aún seguimos comentando la jugada en noches de misterio buscando por dónde se mueve la sombra de Bobbie, quien por cierto miró varias veces a la altísima torre del reloj de la Catedral de Santiago, donde hay unos andamios rodeando una campana gigante, la Berenguela, a la que, en un instante de lucidez o pausa, quien sabe, él le dijo a micro abierto: "Fucking jump", frase que se puede traducir de mil formas. Esa es una de esas anécdotas que jamás pasará en el FB, así que pese a marcharse a las 23.50 h. como si tuviera miedo de que su salud al límite convirtiese su carroza en calabaza... Gillispie ha dejado claro que, no hay dos como él.
