CRÓNICA: Niña Polaca - Madrid

Niña Polaca, pogo a la polaca en Madrid


Por: Alejandro M. Chamizo Fotos: A. M. C.

El grupo Niña Polaca venía diciendo en varias entrevistas que era muy difícil tocar con la gente sentada y que en noviembre llegaban algunos conciertos de pie. Cuando les entrevisté para este medio, LA GANZÚA, se mostraban con muchas ganas de tocar dos noches seguidas en la sala Cool de Madrid porque eran unos bolos "en casa" y sin distancias, algo bastante atractivo después de todo.

Niña Polaca, crónica de concierto

11 Noviembre, 2021 | Alejandro M. Chamizo Fotos: A. M. C.

11 Noviembre de 2021 en Sala Cool, Madrid

  • · Grupo: Niña Polaca.
  • · Público: Unas 300 personas. Medio aforo.
  • · Precio: Desde 13 euros.
  • · Promotor: Ocho y Medio Club.

Las expectativas de Niña Polaca, se han cumplido en una noche, la de este 11 de noviembre (la primera de las dos en la sala Cool) que comenzó a las 21:30 h. una hora después de la apertura de puertas y ante un local que, si bien no estaba lleno, el ambiente era óptimo. Volver a ver (y a hacer, lo confieso) pogos después de una pandemia fue toda una experiencia.

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El escenario donde el grupo iba a darlo todo estaba decorado con cajas de cartón con letras de sus canciones (representando la precariedad que hay en muchos de sus temas) y con dos esqueletos que daban una estética punk a la escenografía, de la que se encargó Kobe, batería de la banda. El grupo salía con corazones, en el caso de Surma un corazón partido por los botones de su camisa blanca y cosido con imperdibles, Beto y Kobe llevaban sus corazones en camisetas blancas debajo de chaquetas grises, como sus pantalones y Sandra vestía una falda de cuadros y un top rojo y gris.

Llegaban con ganas y sorprendidos con la cantidad de gente que había en la sala, sabían que no habían llenado porque era la segunda fecha tras el soldout de la noche siguiente, pero Sandra se mostraba visiblemente emocionada "joder, cuanta peña, aquí no hay 300 personas ni de coña". Y daban varios avisos, el primero era que el concierto iba a ser largo (unos 20 temas) y el segundo dejaba las cosas claras: “mañana aquí habrá el doble de gente, pero hoy es hoy y lo vamos a dar todo como si fuese el único concierto”. Así, dieron el pistoletazo de salida con ‘Máster en imbécil’ y el público comenzó, saltando, a no tocar el suelo con los pies. Aunque sin duda, una de las grandes sorpresas que me llevé en el concierto fue con el segundo tema: ‘Pdr Snchz’.

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Y la sorpresa fue en esa segunda canción, probablemente la más gamberra y punki del grupo, porque se formó el primer pogo, de forma improvisada ante la sonrisa traviesa de los músicos y ante alguna que otra careta de nuestro presidente del gobierno, que hizo temblar la sala. Ahí pensé “que feliz voy a ser esta noche”, porque me invadió una sensación de libertad, adrenalina y necesidad, unas sensaciones que perduraron mientras sonaban temas tanto de su primer disco (el recopilatorio ‘De la línea diez al Sol’) como del segundo (‘Asumiré la muerte de Mufasa’): ‘Mañaca’, ‘Mary the queen’ o ‘La Riviera’.

Una de las interpretaciones más bonitas fue la rompecorazones ‘Garabatos, despedidas’, justo antes de ‘Donne me de boire’. Cada vez que hacían una parada para coger aire (ellos y el público), casi siempre era Sandra la que se acercaba al micro a interactuar con los allí presentes, en una de sus intervenciones, pidió a sus fans que gritaran “como si estuviérais en un concierto de los Beatles” y la respuesta era obediente a la guitarrista. También entre agradecimientos, Sandra presagiaba que iba a morir ese fin de semana, pues le esperaba otro bolo de Niña Polaca al día siguiente y el concierto en La Riviera con Ginebras el 13… y es que, aunque a veces no lo parezca, es humana.

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Pero el tracklist no paraba, tras ‘Interestelar’, bromeaban sobre los temas que iban a tocar: “os podemos ir advirtiendo de cuáles son las siguientes para que si no es vuestra favorita vayáis al baño u os pidáis una cerveza o copa, que hay que dar dinero a la sala”.

Llegaba el momento de temas como "Tu belleza se merece una canción", del segundo disco, "Willy", del primero o clásicos como "Pinta Malasaña" (que tuvo pogo improvisado incluido). Justo después tocaron las preciosas "San Francisco el grande" y "M", una dupla que seguramente dejaron el corazón roto de más de uno que algún día estuvo enamorado.

Durante el concierto, desvelaron que se habían apuntado a Eurovision (en concreto al Benidorm Fest, preselección para elegir al representante de España en el festival en la que varios artistas como Rayden, Varry Brava o Cariño se han presentado). Querían ir, decían, con el tema que iban a tocar a continuación, ‘Joaquin Phoenix’, pero como entre las normas del festival estaba prohibido llevar una canción que hubiera salido antes del 1 de septiembre, fue imposible.

Después la sala Cool se transformó en una playa (metafóricamente) con la divertida ‘Magaluf’ que hizo volver a la gente loca, y a partir de ese momento la locura final desembocaba en ‘Ivona (voy a decirle a mi madre que la quiero)’ y ‘La muerte de Mufasa’. En las dos hubo pogos, pero fue en la segunda en la que se formó el más espectacular de la noche. Organizado por los propios músicos, la parte final del tema estuvo protagonizada por ese pogo “a la polaca”.

 Así, con el público exhausto, el grupo nos regaló esa preciosa ‘Nora’ que volvió a ponernos “blanditos” antes del himno que se habían dejado para el final. Como cuando en el concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena falta la Marcha Radetzky, aquí faltaba ‘Madrid sin ti’. Incluso antes de que Surma empezara a cantar los primeros versos, la gente ya se volvía loca y se adelantaba en la letra. Un himno generacional hacia la capital que sería el culpable de que muchos de los allí presentes se despertaran con la voz ronca al día siguiente. Así, llegaban el final del concierto, al menos lo que ellos habían planeado. Pero los gritos del público pedían otra canción, aunque el grupo no tuvieran preparado ningún bis. Sería detrás del escenario cuando Niña Polaca se preguntaron “¿por qué no improvisar?” y volvieron al escenario a interpretar una versión del "Padrenuestro" (sí, el de misa) que ya han tocado en algún que otro concierto.

Entre “Padre nuestro, en ti creemos” y guitarrazos improvisados finalizó una noche que volvía a dejar claro que la gente estaba deseando gritar, bailar y saltar, que nunca hay nada más satisfactorio que la música de tu artista o grupo en directo y que, como decía el grupo Anabel Lee en sus redes sociales “pogo es la celebración de la amistad”. Si fuera una comida, el “pogo a la polaca” se serviría en una bandeja de plata y sería una delicatessen punk.

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