CRÓNICA: Mad Cool 2022 - Madrid

Florence and The Machine, Muse y Metallica, lo mejor del Mad Cool 2022


Por: Sergio Santos / @u2santos

Los conciertos de Florence and The Machine, Muse y Metallica han estado entre los mejor del Mad Cool 2022 de Madrid pero hay mucho más que contar, por ejemplo, los Muse regalaron su armónica a nuestro colaborador acreditado.

Mad Cool 2022, crónica de concierto

06 Julio, 2022 | Sergio Santos / @u2santos

06 Julio de 2022 en Recinto Mad Cool, Madrid

  •  Mad Cool 2022: 6, 7, 8, 9 y 10 de julio de 2022 en Valdebebas [Madrid]
  • Público: 310.000 personas (70.000 miércoles, jueves, viernes y sábado, más 30.000 el domingo), según datos de la organuzación.
  • Lugar: Recinto Mad Cool.
  •  Entradas: 75 euros entrada de día, 190 euros el abono de 4 días.
  •  Promotora: Mad Cool


El Es lunes, 7:20 AM. La alarma del móvil es un invitado ajeno que, después de casi una semana viviendo en el día de la marmota, casi ni reconozco. Ah, sí, espera, que hay que ir al curro. Madre mía, y yo con este cuerpo. Durante las cinco últimas tardes y noches del festival Mad Cool 2022 de Madrid -todas desde el miércoles 6- hemos repetido los mismos pasos, como si fuera un rito ancestral. Crema solar, bocadillo, zumo de naranja, casco para la moto, y al descampado de Valdebebas… Todo lo ajeno a esos elementos se antoja ahora extraño, casi como de otro mundo. La alarma del móvil sigue sonando en el salón mientras yo hago repaso mental de estos cinco días de conciertos, tratando de sintetizar lo máximo posible para que los amables lectores de La Ganzúa no pierdan el interés en esta humilde crónica.

Aún me retumba en la cabeza el "Seven Nation Army" de Jack White con el que se cerró el festival anoche, pero me obligo a rebobinar hasta el miércoles. Concretamente a las 14:15 PM, horas antes de que las puertas del recinto de Valdebebas se abrieran al público. A esa hora, mi todavía novia Patricia Hedrera y yo nos dábamos el “sí, quiero” en el día de nuestro 10º aniversario de novios. Y, como ir a Cancún o a París de luna de miel está muy visto, nosotros nos fuimos al noreste de Madrid, donde no hay playas paradisíacas o paseos por Montmartre si no minis de cerveza y siete escenarios con una oferta casi infinita de conciertos.

Pues oye, ni tan mal. era jornada del festival tenía el reclamo imposible de obviar de Metallica, que dieron el concierto más largo del festival (bastante por encima de las dos horas, cuando el resto de cabezas de cartel tenían entre 1 h. 20 m y 1 h. 45 m. asignadas, con el batería Lars Ulrich enorme) y del que ya hablamos brevemente en nuestra crónica express al día siguiente, pero la realidad es que la oferta del día era variopinta y atractiva: desde el blues añejo de Seasick Steve con el que se abrió la veda en el escenario principal al rock alternativo de influencia folk de Wolf Alice, o del indie con trazas de punk y rap de Yungblud al hip hop reivindicativo de SFDK a mitad de jornada. Una pena no haber podido disfrutar de más actuaciones por haber llegado algo tarde, pero en nuestro caso teníamos una excusa más que válida, ¿no? :-)

A propósito de SFDK: en nuestra crónica del último Mad Cool (el de 2019, el último pre-pandemia) reseñábamos que Pucho, cantante de Vetusta Morla, reclamó abiertamente desde el micrófono que en este festival -el mayor en asistencia y apoyo institucional de todo el país- hubiera más bandas nacionales, y no solo en los escenarios “menores” si no bien altos en la programación.

Tres años después la organización sigue sin hacer caso y la música patria sigue faltando entre las letras de mayor tamaño del cartel. Las únicas y honrosas excepciones han sido Natos y Waor, cabezas de cartel del domingo 10 -osea, fuera del festival “estándar”-, y Guitarricadelafuente, que abrió las actuaciones del escenario principal el sábado 9, antes de los Pixies. El resto de las (tampoco muchas) bandas nacionales que han tocado lo han hecho en los escenarios menores, en carpas asfixiantes y de acceso minoritario. ¿Para cuándo remediar eso, querida organización?

La segunda jornada coincidió con el comienzo de la ola de calor y las agradables temperaturas del miércoles dieron paso al calor con el que todos asociamos los festivales de verano. Notamos el recinto sensiblemente más masificado que el día anterior (no por el número de asistentes, que rondaba los 70.000 ambos días, si no porque el miércoles la inmensa mayoría de la concurrencia se concentraba alrededor del escenario de Metallica, mientras que el jueves estaba todo mucho más distribuido entre los otros escenarios y las barras y zonas de ocio repartidas por el festival). Amyl And The Sniffers contribuían a subir la temperatura con su garage punk rock en el escenario 2 mientras en el principal se empezaba a agolpar parte de la concurrencia para uno de los conciertos estrella de la jornada para muchos: Deftones, legendaria banda californiana de metal alternativo. Con un repertorio basado principalmente en sus segundo (Around the Fur, 1997) y sexto ("Diamond Eyes", 2010) álbumes, descargaron sobre una numerosa audiencia su metal con trazas atmosféricas y casi rozando el shoegaze en algunos momentos.

Para cantar "Headup", de su segundo disco, los Deftones invitaron al escenario a Jason Aalon Butler (cantante de Fever 333, agrupación rapcore que había actuado la noche anterior). Buena mezcla y buena manera de animar un concierto que, al menos desde la distancia, adoleció en algunos momentos de cierta monotonía.





Tras la cancelación de Stormzy, el rapero inglés que era tercer cabeza de cartel del jueves 7, los nombres principales de la noche se quedaron en dos: Imagine Dragons y The Killers, por lo que Mad Cool se convirtió en un duelo entre las dos grandes bandas pop rock de Las Vegas, Nevada. Imagine Dragons desde el segundo escenario y con un sonido algo pobre (faltaba voz y guitarras en la mezcla, al menos desde nuestra localización) presentaron 17 variados temas que tenían que haber sido 18, pero tuvieron que interrumpir dos veces el concierto por desmayos entre las primeras filas, y eso les restó tiempo y tuvieron que cortar una de las últimas canciones.

Los Dragons guardan un delicado equilibrio entre un pop accesible que recuerda a Coldplay (canciones como Demons, Amsterdam o Bones podrían estar firmadas por Chris Martin y nadie notaría la diferencia), una inclinación hacia los estribillos épicos y secciones pesadas casi hard rock (Believer o Radioactive) y una influencia clara de las músicas del nuevo siglo, con trazas de rap y nuevo R&B (Enemy o Follow You).

El flow del repertorio acompañó ese equilibrio con altibajos y cambios de intensidad que en ocasiones resultaban desconcertantes, aunque la propuesta acabó sacando buena nota gracias a la colorista puesta en escena (buenas luces, mucho confetti y un Dan Reynolds muy participativo en la pasarela que se adentraba entre el público, y muy comprometido -cogiendo una bandera arcoiris en apoyo al colectivo LGTB y luego parando el concierto en dos ocasiones para asegurarse de que un par miembros del público estaban bien.

Casi sin pausa tras los Dragons, en el escenario principal aguardaba uno de los platos fuertes del cartel de este año: los esperadísimos The Killers. La banda de Brandon Flowers, casi 20 años después, aún sigue jugando la carta de su álbum debut: el masivo "Hot Fuss" (2004), que dio el pistoletazo de salida al indie rock con sintetizadores y guitarras al 50/50 que tantas alegrías nos ha dado. Con un frontman carismático y el respaldo de esas canciones que ya son himnos para los nacidos entre 1980 y 1990 poco podía salir mal.

Desgranaron su discografía y tocaron al menos un tema de todos sus discos de estudio salvo del último ("Pressure Machine", 2021), aunque sería absurdo negar lo evidente: las canciones del mencionado disco debut y las de sus dos continuaciones ("Sam’s Town", 2007, y "Day&Age", 2009) fueron las más coreadas y celebradas por el variopinto público. Aún así sacaron hueco para estrenar una canción nueva, titulada "Boy", que no habían tocado antes. Fueron la presencia de Dave Keuning a la guitarra principal (es miembro fundador del grupo, pero se “bajó del carro” de las giras hace 5 años y desde entonces solo hace unos pocos bolos esporádicos con ellos) y temas como "Somebody Told Me, "Human", "All These Things I’ve Done" o la imperdible "Mr. Brightside" los que ayudaron a que la gente saliera del concierto con una sonrisa y con la sensación de haber visto uno de los mejores bolos del festival.



Y al terminar los Killers optamos por pasar de lo previsible (el concierto de Foals en el segundo escenario) y elegimos una opción más fresca y diferente: el concierto sensual y discotequero de Tove Lo en el escenario Region Of Madrid. Tove Lo es el pseudónimo de Ebba Tove Elsa Nilsson, cantante y compositora de temas como "Not on Drugs" o "No One Dies From Love", aunque fue su gran hit "Habits ("Stay High") el que más levantó al público que se había congregado para ver su set, bordeando las 3 de la madrugada de un caluroso jueves. ¡Dos de cinco!

El viernes 8 estaba llamado a ser el día grande del festival, con el irresistible atractivo de tres cabezas de cartel de renombre mundial como MUSE, Queens Of The Stone Age y Faith No More. Sin embargo ni Queens ni Faith estuvieron presentes finalmente -la organización permitió la devolución de las entradas a aquellos que las habían comprado por esos cabezas de cartel caídos-, por lo que el plantel del día quedó algo descafeinado con MUSE como reclamo ineludible, Incubus como contratación de última hora y Alt-J elevados al estatus de cabeza de cartel desde su posición previa en la segunda línea.

A pesar de las airadas y numerosas críticas en redes sociales durante las semanas previas, la realidad es que la jornada acabó siendo un éxito. Para nosotros empezó con la visita al set de Jamie Cullum, que con su mezcla de piano jazz y pop es una apuesta segura por el buen rollo.

Ni siquiera los casi 40ºC que marcaba el termómetro a las 19:30 consiguieron amilanar al inglés y su tremenda banda, que ofrecieron un bolo a la altura de cualquier cabeza de cartel. De Jamie Cullum en el tercer escenario a HAIM en el segundo, las hermanas californianas que -a pesar del sonido abiertamente pop y comercial de sus grabaciones en estudio- ofrecieron un show muy rockero, con aires de garage y de rock duro en algunos momentos, y que caló muy bien entre la concurrencia… Aunque era innegable que el plato fuerte de la jornada estaba en el escenario principal, y así lo atestiguaba la muy numerosa confluencia de público para ver a MUSE.



Eso sí, antes de los británicos, ración de americana rock con The War On Drugs, la banda comandada (en todos los sentidos) por el genial Adam Granduciel. Diez temas con un sonido descaradamente heredero del Dylan de los setenta y del Springsteen de los ochenta, pero con abundantes pasajes de identidad propia y con el músculo que les caracteriza. Era nuestra primera vez viéndolos pero seguro que no será la última, pues la impresión que nos dejaron fue fantástica, y temas del disco más reciente como "I Don’t Wanna Wait", "Occasional Rain" y "I Don't Live Here Anymore" tienen mimbres de convertirse en auténticos trallazos si la banda sigue su ascensión del último lustro

Al terminar los Drugs saltaron al escenario secundario Incubus, la banda de los mil géneros liderada por Brandon Boyd. Nadie sabe si son metal alternativo, funk rock, nu metal, la evolución del grunge o rock electrónico, pero a todo el mundo le agradan. A pesar de esa incómoda posición en el cartel de la que hablábamos antes (anunciados apenas tres semanas antes del festival y sin posibilidad de que un sector del público fuera expresamente por ellos, como sí ocurrió con el resto de headliners), dieron un show digno de la altura que se le presupone a esta banda con más de 30 años de carrera a las espaldas.

Comenzando con "Nice To Know You" y con melocotonazos como "Anna Molly", "Drive o Warning", la impresión general fue de que se habían ganado a pulso su posición privilegiada en el cartel y habían conseguido que la audiencia se olvidase de los dos nombres a los que estaban sustituyendo.



Y bueno, MUSE son MUSE. No es la primera vez que hablo en La Ganzúa de mi predilección absoluta por la banda de Matt Bellamy; pero sí es la primera que lo hago tras conseguir la armónica de Chris Wostenholme, el bajista, que vino tras el concierto a darnos el preciado trofeo de su armónica que en ocasiones regala a algún fan de las primeras filas.

En algún momento del show vio nuestra pancarta de “Just married” y decidió que su regalo de bodas iba a ser ese. Desde aquí te doy las gracias, querido Cristopher. El concierto en sí fue un apabullante despliegue de medios y música del que también hablamos en nuestra breve reseña express del otro día, así que no me extenderé más. Simplemente y citando a las redes sociales oficiales del festival, “al menos una vez en la vida tienes que ir a un concierto de MUSE”. Y así es.

El sábado 9 amanecía calurosísimo y con la inevitable sensación de estar llegando al final del trayecto. El cuarto día de festival estaba llamado a tener mayor movilidad y menos masificaciones (no en vano carecía de un “gran nombre” como los presentes en las jornadas anteriores) y las predicciones se cumplieron: gente muy repartida entre los escenarios y un ambiente de relajación que nada tenía que ver con las abrasadoras aglomeraciones de miércoles y viernes. Nuestro periplo comenzó viendo terminar a Leon Bridges, a quienes ya vimos en Mad Cool 2018 pero que nunca defrauda con su soul tiznado de blues y rock. Lamentablemente solo vimos un par de temas, pero suficientes para atestiguar que mantienen su frescura y ese sonido negro tan agradable y bailable.

De allí fuimos a ver a Pixies en el escenario principal, la legendaria banda bostoniana de rock que tantos y tantos artistas de éxito actuales y pasados citan abiertamente entre sus influencias principales (por ejemplo, Nirvana, Radiohead y Smashing Pumpkins). La banda de Black Francis nos dejó un poco indiferentes en cuanto a repertorio y en cuanto a ejecución, con un sonido quizá demasiado uniforme dentro de su ya de por sí limitada paleta y sin prácticamente interacción alguna con el público. Aún así un par de temas sí cuajaron bastante con la multitud: "Here Comes Your Man", con su riff pegadizo y bailable, y por supuesto la imperdible "Where Is My Mind?", probablemente el mayor éxito en sus más de 35 años de carrera.

Y siguiendo con los conciertos de escasa interacción con el público, acto seguido fue el turno de Kings Of Leon. Los hermanos de Nashville atesoran una cantidad no pequeña de hits, encabezados por supuesto por las perennes "Sex Of Fire" y "Use Somebod"y (del álbum "Only By The Night", 2008), pero no son pocos los que se extrañaron de la decisión del festival de elegirlos como cabeza de cartel, pues es vox populi que sus conciertos son algo estáticos e incluso aburridos en algunos pasajes.

Y después de verlos en "acción" (por decir algo) en Valdebebas, no podemos salvo dar la razón a esas críticas. Demasiados medios tiempos, y casi todos los hits demasiado concentrados al final del concierto, con la primera mitad del reper resultando monótona y repetitiva. Incluso las preciosas "Revelry" y "Manhattan", que tocaron seguidas, quedaron descafeinadas. Por supuesto el público reaccionó muy positivamente a las ya mencionadas y a algunas otras (Closer, Radioactive, Pyro, Crawl), pero en general la impresión era de que su presencia en lo alto del cartel no estaba justificada…


Todo lo contrario que la de Florence + The Machine, último cabeza de cartel del día (y del festival "regular"), que pusieron patas arriba el escenario principal entre las 00:30 y las 02:00 de la madrugada. A estas alturas, después de 4 días de conciertos, uno pensaría que a la gente no le quedarían muchas fuerzas ni ganas de bailar, pero nada más allá de la realidad: el chamber pop con tintes épicos y a ratos casi medievales de Florence Welch y sus secuaces fue un broche de oro perfecto para la jornada más suave del festival.

Congregando al grueso de la asistencia de ese día, Florence desgranó la mitad de su álbum más reciente ("Dance Fever", 2021) sin olvidar grandes canciones de álbumes anteriores como "Cosmic Love", "What Kind Of Man", "Hunger" o "Dog Days Are Over", para la que pidió expresamente que todo el mundo guardase sus móviles y se concentrase en saltar y disfrutar del momento. "Dream Girl Evi"l fue la elegida para que Florence bajase a las primeras filas a cantar la canción íntegra metida entre el público, convirtiéndose en uno de los momentos más geniales de la velada.

Nos dio mucha pena perdernos a Editors, cuyo concierto estuvo 100% solapado con el de Florence, pero es parte del problema de los grandes festivales con carteles casi inabarcables: al final para ver una banda te tienes que perder otra.

El cierre perfecto fue el rock garajero y épico de Royal Blood, los británicos apadrinados por Arctic Monkeys que despuntaron hace ya más de un lustro y que van apisonando allá por donde pasan. A nadie dejan indiferente, pues no es usual ver una banda compuesta por solo dos personas en un escenario principal: Ben Thatcher (a la batería) y Mike Kerr (al bajo / guitarra). Riffs pesados de influencia MUSE (incluso con aires Led Zeppelin) y melodías vocales sencillas son sus dos ingredientes principales, pero el mérito de verdad reside en conseguir que un concierto completo no resulte monótono en absoluto. Ole por ellos. La tremenda Figure It Out fue la encargada de hacer volar vasos y sombreros en los últimos 10 minutos de noche, tras lo cual las cuatro jornadas "estándar" del festival llegaron a su fin.



Pero aún había más. Como los zombies de Walking Dead, casi 30.000 de nosotros volvimos al descampado para un último y quinto día: el domingo 10, que fue anunciado con posterioridad al resto del festival, y para el que se debían comprar entradas por separado. Una apuesta arriesgada y que no salió del todo bien al festival: no tenemos cifras oficiales, pero la realidad es que la gran mayoría de esos 30.000 asistentes vinieron invitados (muchos directamente por el festival a través de concursos o regalos, otros a través de invitaciones enviadas a bandas y agencias de medios, etc).

Aún así se congregó una buena cantidad de fans de los artistas principales del día, y el recinto se veía aceptablemente lleno. Empezamos viendo a Cala Vento, la versión española de Royal Blood (o de Japandroids) en tanto en cuanto son solo dos en el escenario: Joan y Aleix. No tanto en cuanto al sonido, pues suenan más cerca de Carolina Durante o de Supersubmarina, con intensidad indie y letras accesibles y fácilmente coreables.

De la carpa de Cala Vento al escenario principal para ver a Sam Fender, una de las revelaciones británicas de los últimos años, que tiene muy bien estudiados los ingredientes del rock de estadio (si este chico no ha mamado Oasis y Springsteen que venga Dios y lo vea). Con una afluencia muy respetable para ser el día de menor público y haber 38ºC en el césped (artificial, jeje), Sam desgranó 11 temas de sus dos únicos álbumes hasta el momento, entre los que destacaron las dos canciones que dan título a dichos álbumes: "Seventeen Going Under" y "Hypersonic Missiles", con la que cerró su corto pero intenso show.

La sorpresa del festival para nosotros llegó con Nathy Peluso, en el segundo escenario. Íbamos de camino a ver a Tones And I y convencidos de pasar de largo del concierto de la argentina (yendo con la idea preconcebida de que sería un show "enlatado" de trap y reguetón), pero la potencia y frescura de su salsa revisionada con sonoridades modernas nos engancharon y consiguieron que cambiásemos la "hoja de ruta".

El show sonaba orgánico y agradable, y el baile era soberbio, aunque siendo sinceros prácticamente no entendimos ni una palabra de lo que cantó Nathy: ni en español ni en inglés. Pero no es Bob Dylan y su potencia no está en largas y adornadas estrofas, así que nos concentramos en disfrutar del atardecer mientras Nathy y su banda tocaban "Delito", "Business Woman" o la genial "Ateo" (que tanta controversia generó el año pasado por el videoclip grabado en la Catedral de Toledo), que gana músculo con la ausencia de C. Tangana (sentimos la sinceridad).

 

 

De allí nos movimos a la carpa a la que habían relegado a Two Door Cinema Club, banda de indie rock que reventó 2010 con su disco "Tourist History" (y tocaron como cabezas de cartel en varios festivales españoles entre 2011 y 2013) pero que desde entonces han perdido relevancia, motivo sin duda de su escaso peso en el cartel de este año en Madrid. Sin embargo su bolo fue un bombazo, con la asfixiante carpa a reventar (¡y mucha gente escuchando desde fuera!) y una batería de hits incontestable. Comenzando con dos espídicos temas de "Tourist History" ("I Can Talk" y "Undercover Martyn") y terminando con Sun y su gran hit "What You Know", demostraron que siguen vigentes aunque los vítores del público (y de las escuchas en Spotify) se centren en un álbum debut que ya ha cumplido los 12 años.

Y el auténtico final del festival llegó con Jack White, el genial y excéntrico guitarrista y cantante de The White Stripes, que dio un bolazo variopinto y ardiente en el segundo escenario. Jack es un tipo raro, no es ninguna sorpresa, y en Valdebebas lo decidió demostrar optando por una decoración enteramente azul, incluyendo el escenario, los visuales de las pantallas... su ropa, sus diferentes guitarras... ¡Y hasta su pelo! Todo azul. ¿Y por qué no? Al fin y al cabo, ha usado la estética "all blue" en varios videoclips y artworks. Mientras en la carpa 4 nuestros amigos de La Maravillosa Orquesta del Alcohol eran protagonistas del último y doloroso solape de horarios, Jack White bombardeaba el recinto con guitarrazos que evocaban a su gran ídolo Jimmy Page.

Con un puñado de temas de sus discos en solitario y un buen repóker de covers de sus bandas anteriores (especialmente celebradas "Steady", "As She Goes", de los Racounteurs y "The Hardest Button to Button", de los White Stripes) el público ya habría estado satisfecho, pero no. Quedaba la traca final: la manoseadísima "Seven Nation Army", el famoso "loooo-lo-lo-lo-loooo" del que se han apropiado eventos deportivos, despedidas de solteros, verbenas de pueblo y hasta carnavales. Allí hasta los guardias de seguridad saltaron y corearon el que probablemente es el riff de guitarra más famoso del siglo XXI. Buen modo de cerrar el festival y nuestra maratón cubriéndolo.

Haciendo un ratio entre asistencia, cartel y organización, es probable que este haya sido el mejor Mad Cool en el que hemos estado (y van ya unos cuantos). El cartel de 2018 fue imbatible pero el festival fue un caos y un agobio por la cantidad de gente; en 2019 estuvo todo mejor organizado pero había mucha menos gente y el cartel fue menos brillante. Este año casi se ha alcanzado un posible equilibrio entre cartel deslumbrante y buena organización, que esperemos que se mantenga en los años venideros. El primer gran cambio será el traslado del festival de Valdebebas (noreste de la capital, zona rica y emergente) al polígono Marconi (en el sur, en un área más proletaria y de reputación dudosa), que se anunció hace unos días en diferentes medios. Habrá que ver cómo le sienta eso a un festival que aspira a ser unificador y transversal pero que acaba resultando eminentemente "cool" y postureta. Si consiguen un buen arraigo en esa zona y solucionan los dos problemas principales de este año (el acuerdo con Uber, que ha sido un desastre absoluto, y la falta de artistas nacionales -tanto emergentes como consolidados-), podrán aspirar de una vez y por todas al trono de mayor festival del país en todos los sentidos. Veremos. De momento, toca volver a la vida “normal” después de estos cinco días tan intensos en todos los sentidos.

 

PD: Como medio acreditado que cumple 20 años informando cada día de  música de forma independiente, queremos manifestar nuestra sorpresa por el hecho de que para acreditarse como medio informativo en el Mad Cool 2022 la organización obligase a una donación de 30 euros a CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado), ONG a cuya sede madrileña llamamos y donde nos dijeron que "no comparten ese requisito" . En el equipo de LA GANZUA, somos muchas las personas que colaboramos desde hace años con diferentes ONGs y entidades sociales pero siempre aportando nuestro tiempo y/o dinero de forma voluntaria y libre.

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