Los Amigos Invisibles, bacanal en la dancefloor
Por: Manuel Recio. Fotos: Isa J. Moya
Party, after-party, show o after-show…ellos aglutinan todo, porque incluso una vez acabado el espectáculo, resulta imposible dejar de balancear la cabeza y tararear sus contagiosas melodías.

14 de febrero de 2014 en sala BUT, Madrid
- · Grupos: Los Amigos Invisibles
- · Público: Lleno, entradas agotadas.
- · Precio: 24 euros anticipada y 30 euros en taquilla.
- · Promotora: Innercia.
Party, after-party, show o after-show…ellos aglutinan todo, porque incluso una vez acabado el espectáculo, resulta imposible dejar de balancear la cabeza y tararear sus contagiosas melodías. Asistir a un concierto de Los Amigos Invisibles es adentrarse en una mega fiesta non stop en la que el único límite lo pone el desgaste de la suela de los zapatos contra la pista de baile.
Burlones, desenfadados, picantes, vigorosos, rompepistas, incansables y, sobre todo, muy muy divertidos. Los Amigos Invisibles son una institución del disco funk, un referente mundial tras casi 25 años ininterrumpidos de carrera haciendo bailar al personal por más de 60 países, con 8 discos a sus espaldas y todo tipo de premios y reconocimientos, entre ellos el Grammy Latino. Cuestiones geopolíticas aparte, Los Amigos Invisibles representan la auténtica "Marca Venezuela", de hecho la que realmente habría que potenciar.
Tal es así que, sin tener el censo oficial de población venezolana en Madrid, me atrevería a decir que el 100% se encontraba la noche del viernes 14 de febrero en la sala But con la intención de celebrar San Valentín moviendo el esqueleto. Entradas agotadas desde hacía varios días para llenar uno de los pocos recintos de tamaño medio/grande de la capital. Algo que no lo hace cualquiera: una expectación descomunal por asistir de primera mano (segunda en mi caso) a una fiesta que nunca defrauda. No se prodigan mucho por España. La última vez fue hace seis años junto a Fundación Tony Manero, primos hermanos estilísticos.
Y en efecto, así fue. Con puntualidad británica, a las 21 horas saltaban al dacenfloor Los Amigos Invisibles con una sesión orgánica de baile por la que el mismísimo David Guetta vendería a su madre. Entre el coreable estribillo de Amor is to love you, tema de inicio, y el no menos memorable Disco Anal, canción de cierre, pasaron una hora y tres cuartos donde los invisibles encadenaron una canción tras otra (literal) en una lección magistral de cómo promover la felicidad colectiva a través de la música.
A excepción de los camareros, no había ni una sola persona en la sala que no cantara y saltara todos y cada uno de los temas del grupo de principio a fin. Himnos tan antológicos, descarados e irreverentes como Cuchi cuchi, Sexy, Ponerte en cuatro o Mentiras intercalados con temas más recientes de su último álbum Repeat after me. En las intersecciones entre canciones se sacaban de la manga fragmentos de temas conocidos de Stevie Wonder, David Bowie, Bee Gees y Lenny Kravitz para mantener el beat. Bueno, hasta con el infantil Ilarie de Xuxa, llevado al disco, consiguieron entusiasmar.

Foto: Llenazo en la sala BUT de Madrid para ver a Los Amigos Invisibles.
Banderas venezolanas, espontáneas bailarinas que suben al escenario, camisetas despojadas… a medida que avanzaba la noche, la cosa se ponía más chunga. Bombo a negras, bajo a octavas, teclados funky, percusión latina, un frontman incombustible y una guitarra endiablada de ritmo. La fórmula no falla y a pesar de la reiteración nunca llega a cansar.
El grupo se presentó en Madrid con una ausencia importante, la de José Luis Pardo, Dj Afro, el guitarra original y compositor principal, posiblemente la mejor mano derecha de todo el cono sur. Aún así el sustituto, Daniel Saa, cumplió con corrección tan duro trámite. Dirigidos por el emblemático Julio Briceño en la voz, Los Amigos Invisibles fueron artífices del milagro, de la orgía sensorial. No obstante algunos les han definido como "la mejor banda sexual de Latinoamérica". Por algo será. Bueno, cualquiera que haya ido a sus conciertos lo puede comprobar.
