Lila Downs convierte la M-40 en Río Grande
Por: Oskar S. López. Foto: archivo
Lila Downs... en Madrid. Ella y La Misteriosa, una banda de seis músicos. Juntos reparten ritmos mestizos de Mexico.

13 de marzo de 2010 en Auditorio de la Universidad Carlos III, Leganés, Madrid
- · Grupos: Lila Downs y La Misteriosa
- · Público: Lleno
Lila Downs... en Madrid. Ella y La Misteriosa, una banda de seis músicos. Juntos reparten ritmos mestizos de Mexico porque, tras el exitoso y algo comercial Ojos de culebra, Lila tiene nuevo disco bajo el brazo, un directo grabado en París. Ese recopilatorio de quince canciones basa una actual gira cuyo repertorio incluye... algunas de sus versiones del rico cancionero mexicano.
Lila Downs cruza fronteras. Al sur de Madrid, ese río imaginario llamado M-40 marca los límites. A uno de esos lados, está Leganés. Mientras enfilo pasos hacia el lugar del concierto, pienso en ese absurdo detalle: hoy muchos vamos rumbo hacia ese sur de la ciudad dispuestos a cruzar aguas invisibles. Lo hacemos para ver, escuchar y disfrutar de un trocito de México. Un viaje donde llegaremos a tierra sin tener la espalda mojada...
Ese pensamiento que me baila en la cabeza, eso de imaginarme cruzando el Río Bravo, es culpa de Lila Downs. Su música fronteriza pertenece a ambos márgenes del Río Grande. Su música suena a invitación sincera para cruzar de un lado a otro.
Lila Downs y La Misteriosa son Paul Cohen [saxo y clarinete], Yayo Serka [batería], Samuel Torres [percusión], Celso Duarte [arpa, violín, guitarra, charango], Carlos Henderson [bajo], Rob Curto [acordeón] y Rafael Gómez [guitarra].
Downs, hija de un norteamericano y de una mixteca, canta con garganta mestiza. Por su sangre corren dos culturas. Perdida en esos mundos optó por dedicarse a la música "para salvar conflictos internos y expresar los demonios del odio y del dolor". Y lo ha hecho mezclando tradición y modernidad. A su modo, Lila reinventa la herencia musical mexicana girando con un espectáculo increible que en Leganés dejó atónito a un auditorio puesto en pie para aplaudir.
Ante un público hecho de mil nacionalidades y edades varias, un mar de gente lleno de multiculturalidad, mestizaje, tradición y modernidad, Lila Downs y La Misteriosa se van ganando la ovación canción a canción.
Suenan bien y, desde el inicio, parece que satisfacen a todo el mundo por igual.
El show comienza con La Misteriosa, interpretando los primeros compases de "La iguana". La banda, formada por siete músicos, demuestra estar en plena forma, escucharles es una gozada. Me falta espacio para hablar de las virtudes de cada componente pero sería un delito olvidar que ahí toca Celso Duarte. Escuchar como toca el arpa es un regalo para los oídos.
Tras los primeros aplausos, aparece ella, Lila Downs, La Chamana. Canta y baila al son de su banda. Ella es la encargada de dirigir y preparar con su poderosa voz los distintos brebajes, los embrujos para hechizarnos, para sanarnos. Lila es capaz de alcanzar registros vocales que no parecen humanos. Desafía al arpa, sonando como si ella fuera el instrumento, y de ahí vuela lejos, adoptando muchos estilos...
Crece la noche y Downs canta de todo, desde corridos a rancheras, pasando por boleros o temas de tribales sonidos indígenas... se alternan sonoridades propias del jazz, del soul o del hip hop. Alternan temas propios con revisiones de clásicos mexicanos como "Vámonos" o "Currucucucú paloma".
La voz de Lila lo mismo emociona que te pone los pelos de punta con sus "Martiniana" o "La llorona", brillando también en otros colores como cuando interpreta, en otro estilo tan distinto, una canción llamada "Yo envidio el viento", original de Lucinda Williams.
Ante tal poderío y tal exhibición de juegos vocales, el auditorio pasa por alto que olvide la letra en su homenaje a Mercedes Sosa al cantar "Tierra de luz".
Sin ser Los Tigres del Norte, el concierto de Lila también tiene sus momentos divertidos. Nos reímos y bailamos cuando ella y La Misteriosa tocan... "Los pollos", "La cumbia del mole" y "Arenita azul". En temas como "La línea", "La cucaracha" o "Justicia", muestra su lado más comprometido y reivindicativo.
Llevamos hora y media de actuación, el tiempo ha volado. El show acaba con "El relámpago", cuya descarga eléctrica sacude y recorre el cuerpo de todos los asistentes que sentimos un fogonazo que deslumbra. Debido a lo que gusta, con el público boquiabierto, el concierto se ha parecido al visto y no visto.
De regreso a casa, de nuevo en el otro lado de la M-40, pienso en ese pequeño viaje hasta México tras un concierto lleno de sonidos cruzados, mestizos y una actuacion de Lila repleta de energía, diversión y reivindicaciones sin miedo a la emoción ni a la nostalgia.
A todo esto, Dows ya maneja nuevos proyectos y está trabajando ahora, junto a su marido [Paul Cohen], en la composición de un musical basado en la novela de Laura Esquivel Como Agua para Chocolate, y además prepara un disco de rancheras grabado con banda de mariachis.
Desde la perspectiva que da pensarlo unos días después, os aseguro que Lila Downs ha ofrecido un gran espectáculo en Leganés. Mis compañeros de trabajo dicen que tuvo que ser una gran noche porque todavía camino boquiabierto... no se equivocan.
En vivo, la voz de esta cantante mexicana nacida en 1968 suena de forma increible, ella y su banda, La Misteriosa, convirtieron el show en algo difícil de olvidar. Dudo que en Paris lo hicieran mejor.
