CRÓNICA: La M.O.D.A. - Madrid, Febrero 2022

La M.O.D.A. enseña a no perder la mirada ni las raíces


Por: Alejandro M. Chamizo

"Recuerdo lo que me dijo mi abuelo aquella mañana: se puede perder la vista, pero nunca la mirada", reza la letra de "1932". Y ello está relacionado con no perder nunca las raíces de dónde venimos. El mayor rasgo que define a La Maravillosa Orquesta del Alcohol (La M.O.D.A.) en esta gira del disco "Nuevo cancionero burgalés" son sus raíces burgalesas.

La M.O.D.A., crónica de concierto

17 Febrero, 2022 | Alejandro M. Chamizo

17 Febrero de 2022 en Sala La Riviera, Madrid

  •  Grupos: La M.O.D.A. + Memocracia.
  •  Público: Más de mil personas. Lleno
  •  Precio:: Desde 25 euros en venta anticipada.
  •  Promotora: Black Izar.

En este concierto de La M.O.D.A. en la madrileña sala La Riviera, en la primera de sus seis citas seguidas, queda patente su compromiso con Burgos, hasta en los teloneros, Memocracia. Disfruté bastante de lo que nos ofrecían, ha sido todo un golpe de efecto de La Maravillosa Orquesta del Alcohol (La M.O.D.A.) traerles para estas seis noches en Madrid.

Dentro de la sala, observo con una media sonrisa que hay dos tipos de personas entre el público (con sold out desde días previos). Por un lado,  los más rockeros, que mueven la cabeza al ritmo de los guitarrazos y, por otro, quienes observan con estupor o se preguntan ¿por qué estoy aquí? ya que no están muy acostumbrados a escuchar el punk gamberro que están tocando las nuevas bandas (de quienes habría que hablar más).

Desde que Alejandro (guitarra y voz del grupo), Gabriel (batería), Germán (bajo) y Diego (guitarra), es decir Memocracia, se suben al escenario a las 20:00 h. hasta que terminan a 20:30 h. me pregunto por qué habrán contado con ellos como teloneros. Está claro a La M.O.D.A. les gusta su estilo, además son de Burgos (otra prueba del cariño a su tierra y a la música que sale de ella) pero también creo que han contado con este cuarteto por la picaresca de elegir a una banda que contraste mucho con su sonido. Memocracia me gustaron mucho y me consta que a muchos presentes también. Memocracia son un grupo para seguir, con un segundo disco llamado "Qué alguien haga algo". Por cierto, mención especial merece un sector del público que se mantuvo en estado de euforia los 30 minutos de su show, muy probablemente amigos y que demostraron que el pogo es una celebración de la amistad.


A las 21:00 h., puntuales, comienza a sonar el mítico "I won’t back down", tema de Johnny Cash (La M.O.D.A. tienen un cariño especial a este artista, quedó claro desde su canción “Los hijos de Johnny Cash”). Justo después, llegan los primeros segundos (en pista de audio también) de "Un lunes", el tema que abre el "Nuevo Cancionero Burgalés" (2021) y que abre también el concierto entre gritos y aplausos. Ya se está creando una atmósfera maravillosa. Van entrando en el escenario Alvar de Pablo (saxo, clarinete y coros), Caleb Melguizo (percusión), Joselito Maravillas (acordeón y coros), Jorge Juan Mariscal (bajo), David Ruiz (vocalista y guitarra), Jacobo Naya (teclados, percusiones, banjo) y Nacho Mur (guitarra / mandolina), en tirantes blancos, cómo no.

Un minuto y medio después (aquel golpe del 1:27 de "Un lunes") da pie al directo de los burgaleses. Con esa canción se me ponen los ojos vidriosos y pienso en que hasta las 23:00 h., hasta la hora en que termine el concierto... voy a viajar. Ya me han calado.

En el mismo orden que en el disco, el segundo tema es "La molinera", último single del reciente álbum y, prácticamente sin anestesia, tocan el primer clásico de la noche: "La inmensidad". Justo después, a bailar con "Mil Demonios" y entre saltos, disfrutan varios grupos de amigos brindando con sus vasos de plástico a rebosar de cerveza, el indie-folk que nos representa.

Como en el resto de sus conciertos, La M.O.D.A. no suele hablar entre canciones, si acaso en alguna ocasión para agradecer a los presentes y al equipo de trabaja en la gira. Los siete miembros de la banda prefieren más expresarse con su música. Y nada mejor que hacerlo con las maravillosas "Una canción para no decir te quiero" y "Vasos vacíos", así nos demuestran que igual la frase “los mejores años ya se fueron” (letra de esta última canción) no es del todo cierta.



El concierto late fuerte. Dejamos durante tres minutos los clásicos y volvemos al cancionero burgalés, es turno de "Miraflores", el primero de los singles, es tan buena que doy cabezazos al aire. Seguimos con el folk, "La vieja banda". Por cierto, qué efectivo es siempre el solo de armónica de esa canción y qué eficaz también es el himno "PRMVR", como dice su lírica, todos asumimos que somos parte del rebaño. Vuelven los brindis justo a continuación. ¿El motivo? "Catedrales": “Brindemos por la tempestad ¿quién sabe qué vendrá detrás?”.

Durante el concierto me doy cuenta de que el grupo ignora un poco un disco tan infravalorado como es "Ninguna ola", uno de los pocos guiños hacía ese trabajo de 2020 llega con su primer single, "La vuelta" y "Banderas sin color" pero echo en falta temas mayúsculos como "93compases", "Un bombo, una caja" o "Conduciendo y llorando". Menos mal, eso sí, que suena "Colectivo nostalgia". A pesar de que tengo un cariño especial a ese álbum, soy consciente de que no pueden tocarlo todo. Esa es mi única mini-pega hacia un setlist muy bueno.

Vuelta a Burgos con la preciosa “No canto yo”, “Canción de cuna” y “Mes de mayo”, estas junto a las de "Ninguna Ola", constituyen la parte más relajada del concierto. Son canciones que me llegaron a emocionar mucho cuando las escuché, pero supongo que el ambiente festivo que hay en la sala, con el ruido por la cantidad de gente, no las deja calar más en los corazones como sí podrían haberlo hecho en un teatro. No pasa nada, muchos nos conmovemos mientras guardamos silencio en esos momentos especiales.

Y si entramos en el terreno de las emociones, donde sí que acabo profundamente tocado es con "Himno Nacional", a pesar de que ya venía preparándome mentalmente. Es una composición que, en especial por la parte recitada del final, me ha acompañado recientemente en duros momentos de mi vida, por lo tanto, cobra un significado especial para quien escribe estas líneas. Irradia una armonía especial que me hace cerrar los ojos y sentirla. Si antes tenía dudas sobre cuál era mi canción favorita de ellos, "Himno Nacional" sube a la primera posición esta noche.

“Nadie avisó de los baches y las caídas. Aun así, un pie delante de otro y desafiantes ¿qué importa lo que diga el mundo y cuán fiera sea la tormenta? No dejes que te arrastre y te hunda bajo la arena (…) Al fondo, entre las sombras, la luz ha dibujado una frase: no estás solo en este mundo”.

A propósito, con ella, como dice también su letra, vuelven a sonar los gritos de la gente. Se mantienenn con "¿Quién nos va a salvar?", es la hora de bailar de nuevo. Además, suena dedicada a los teloneros, Memocracia. En una de sus pocas intervenciones, David Ruíz dice: “Es un orgullo y una alegría inmensa el poder compartir estos días tan importantes con ellos (Memocracia)”, y pide un fuerte aplauso para ellos. Prosiguen con "Hay un fuego" y "Gasoline", se empieza a notar como esta vuelta a los dos primeros discos significa que estamos en la parte final del concierto. Y, efectivamente, es terminar la rabiosa "Los lobos" y caer "Tiempo de despedida", certe del último disco. No hace falta decir mucho más.


Aunque desaparecen del escenario de La Riviera, todos sabemos que van a volver, faltan las que faltan… La gente empieza a cantar, de forma natural “Héroes del sábado”. Y La M. O. D. A. no tardan mucho en volver al escenario. Es el momento de los agradecimientos, en especial a su equipo. También dedican la siguiente canción “a toda la peña de Madrid, y a toda la gente que ha hecho kilómetros para venir”, seguido del “un, dos, tres” suena... "Nómadas". Vuelvo a tener el corazón en un puño con las primeras frases que abren "1932": “Solía hablarle de ti, de tus ojos anochecer…”, qué feliz está la gente y cómo se besan las parejas, es casi de película.

Las dos últimas canciones definen bastante bien el concepto de himno. El primero es un clásico incontestable del que ya se ha dicho mucho: "Héroes del sábado" o cómo el público hace suya una canción (esa necesidad de pertenecer a un grupo que “puede parar el mundo solo con mirar”). Y, qué final para gritar a los cuatro vientos que nunca hay que olvidarse de dónde venimos. La respuesta directa a "Héroes del sábado" es la última canción de la noche: "Mañana voy a Burgos". Queda todo claro, ¿no?




Se pueden decir muchas cosas: sobre el grupo, sobre el concierto, sobre sus letras… y esta crónica no podría hacerles justicia pero sí dejar claras las líneas generales, ese sentimiento lleno de amor a su tierra. Burgos puede estar muy orgulloso de La Maravillosa Orquesta del Alcohol porque  la madrileña sala La Riviera ha sido esta noche territorio burgalés.

Retomando las primeras líneas de esta crónica, nunca hay que perder la mirada, es cierto, no perder la raíces… para ello hay que mirar hacia atrás, pero también, como reza "Himno Nacional", hay que mirar hacia delante con un pie delante del otro, desafiantes, luego ya podremos decir lo que sentimos, normalmente suele ser algo bueno. La música siempre ayuda a ello, nadie está solo en este mundo.

 

 

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