Gregario de Luxe, Soul de karaoke
Por: Manuel Recio D. Fotos: Isabel Jiménez M.
Eli Paperboy Reed, en una ocasión, confesó en una entrevista con motivo de una de sus múltiples visitas a nuestro país que al soul no había que traerlo de vuelta porque nunca se había ido.

15 de febrero de 2013 en sala Galileo Galilei, Madrid
- · Grupos: Gregario de Luxe + Sharay Abellán.
- · Público: Lleno [500 personas].
- · Precio: 10 euros en venta anticipada.
Eli Paperboy Reed, en una ocasión, confesó en una entrevista con motivo de una de sus múltiples visitas a nuestro país que al soul no había que traerlo de vuelta porque nunca se había ido. Si hacemos buenas las palabras del Chico de los Periódicos, el leitmotiv de Gregario de Luxe no tendría sentido alguno... ¿para qué reivindicar algo que siempre ha estado aquí?
Es decir, está muy bien la exhortación "hermanos y hermanas, ¿habéis visto la luz?" que repite en directo el cantante del grupo navarro pero no sería necesario porque el soul [la luz] habita en todos y cada uno de nosotros.
La realidad parece bien distinta, por lo menos en España, donde tenemos el legado musical que tenemos aunque en los últimos años se ha producido un cierto bum de los sonidos que blancos y negros -sobre todo estos últimos- crearon hace décadas en un almacén del sur de Memphis llamado Stax Records. Hoy los combos de soul se multiplican por todos los rincones, lo cual es digno de mención. No sabemos si todos auspiciados por esa moda soul que ha inundado la escena internacional de bandas fantásticas [véase el citado Paperboy y sus True Loves o la carcelaria Sharon Jones y sus Dap Kings] y también algunos fakes que se han apuntado al carro ganador pero que de alma tienen más bien poco... Por estos lares tenemos a grupos como Freedonia o Cosmosoul, que desde diversas perspectivas, todas reseñables, aportan granito de arena al soul de la capital.
Y es aquí donde entra en juego Gregario de Luxe, cual centinelas del soul, su objetivo es preservarlo, difundirlo y homenajearlo. Casi nada. Llegados desde Navarra se plantaron con sus mejores galas sobre las tablas de la Galieo de Madrid para presentar su disco Halellujah [I wanna shout] en una formación típicamente soulera: poderosa sección de metales, rítmica empastada, esplendorosas coristas con vestido de lentejuelas y un brillante frontman que hacía las veces de teclista. En total trece músicos que llenaron el escenario con música rebosante y bien ejecutada.
Todos hemos asistido alguna vez a algún sonrojante espectáculo –en las zonas de costa en verano suelen triunfar- donde tipos vestidos con gafas de sol y traje negro imitan a los Blues Brothers. Los Gregarios adoptan esa estética, una marca bien reconocible, pero van más allá. Porque tocar soul no es ponerse unas gafas de sol y al lío.... Los Gregarios sienten un profundo respeto por la música que han elegido y eso se transmite al público. El cantante rasga la voz como si fuera negro, el guitarra tiene blues, el saxo tenor se marca unos solos de quitarse el sombrero y, en general son todos grandes músicos pero las buenas intenciones no siempre se corresponden con los resultados…
Desde una óptica más revisionista que innovadora, Gregario de Luxe empezaron a desgranar el repertorio de "clásicos de soul", ese que ningún recopilatorio que se precie puede obviar. Fueron cayendo "In the midnight hour", "Natural Woman", "Think" o "Soul Man" [con incursiones vocales de una de las coristas en los temas de protagonismo femenino] entremezclados con composiciones propias que aunque resultonas no conseguían aportar mucho más. Para "Sittin’ on the dock of the bay", el inmortal himno de Otis Redding, nuestro frontman se sentó a pie de escenario como si estuviera en la bahía de Frisco.
El público, mezcla pintoresca de cincuentones [y más], jóvenes de camisa de rayas con pantalones de pinza y veinteañeras de club de fans, tarareaba entregado cada uno de los famosos estribillos. Desde luego, no es el auditorio arquetipo que uno esperaría encontrarse en un show de estas características, aunque, prejuicios aparte, el soul es una música universal y no conoce fronteras, razas, religiones o clases sociales. Pero todo acaba por desenmascararse cuando los Gregarios presentaron la colaboración estelar de la noche: Sharay Abellán, vocalista cuya carrera impulsa gracias a un concurso de televisión y al hecho de ser hija del popular periodista deportivo y musical José Antonio Abellán, aunque, todo hay que decirlo, está donde está por currárselo, y mucho, en musicales y escuelas de canto de Estados Unidos e Inglaterra.
Encaramada sobre unos impresionantes tacones blancos más altos que el recuerdo del mismísimo Wilson Pickett, Sharay se marcó un "Say a Little prayer" que hace las delicias del respetable. Tiene voz y presencia, pero desde mi modesto entender peca de gorgoritos. Ya se sabe, menos es más. Eso sí, domina el escenario como nadie. Pizpireta y orgullosa, con poca pinta de haber fregado platos en Memphis, navega por los ríos del "Proud Mary" versión Tina Turner con envidiable soltura. Número final con el que se despidió. Nada más bajar empezó a hacerse fotos con fans mientras los Gregarios intentaban levantar el cotarro como podían...
Llama la atención que en un concierto de música negra, el momento más sorprendente de la noche y por tanto, el más interesante a nivel musical, fuera cuando en el primer bis, el guitarra y el cantante se quedaron solos en escena, pillando una refulgente guitarra dobro por la que Son House hubiera matado y se pusieron a interpretar "Sweet Home Chicago" de Robert Johnson. "Hermanos, la música soul debe mucho a unos hombres que en los años 20, con tan solo una guitarra hicieron que todo esto fuera posible". Hay background, hay raíces, hay conocimiento del pasado. Pidieron al público que cantase con ellos el reconocible estribillo, pero pocos fueron quienes lo secundaron. No se puede pedir peras al olmo... así que fueron a lo seguro. Mucho antes de que llegara el cierre uno se aventuraba a vislumbrar que el final sería con el archiconocido "Everybody needs somebody". Y no falló. Levantando las manos como si estuviéramos en una misa de Harlem presentaron a toda la banda, en un solemne número final mientras nos marcaban el camino de la luz.
Al acabar el concierto la sensación es un tanto contradictoria. La línea que separa lo impostado del homenaje sincero se vuelve delgada en ocasiones. De hecho, si tuviera que decantarme por alguna lo haría por esta segunda opción. No se puede dudar de las honrosas intenciones de Gregario de Luxe pero el tufillo a orquesta de pueblo merodea el show. La elección del set list no dejar lugar a dudas. Están las que tienen que estar, ni más, ni menos. Para alguien acostumbrado a ver a Lou Marini –saxofonista original de los Blues Brothers residente en Madrid- partir la pana por los antros más infames de la capital, el espectáculo de los Gregarios le sabe a poco. Si el bueno de Lou fuera a un karaoke y pidiera el listado de temas soul comprobaría que se corresponde peligrosamente con el repertorio Gregario. Ahora bien, muchos, entre los que me incluyo, hemos pasado en un karaoke algunos de los momentos más divertidos y delirantes de nuestras vidas. Y no hay nada malo en ello.

Foto: Gregario de Luxe, repaso previsible a los clásicos del soul y blues...
