Franz Ferdinand, sepa por qué valen 234.000 euros
Por: M.B. / X.S. Foto: R. Carrillo de Albornoz, archivo
Los Talking Heads leen y aprovechan el día para ir de compras y museos. Los Franz Ferdinand beben y aprovechan la noche para ir de bar en bar entre fichas de deseo.

20 de julio de 2006 en Auditorio Castrelos, Vigo
- · Grupos: Franz Ferdinand + Delorean + Femme Fatale
- · Público: Lleno.
- · Precio: 12/15 euros.
- · Promotora: Ayuntamiento de Vigo + Sweet Tours.
Los Talking Heads leen y aprovechan el día para ir de compras y museos. Los Franz Ferdinand beben y aprovechan la noche para ir de bar en bar entre fichas de deseo.
A diferencia de Coldplay, Starsailor ou Keane, no son fríos y prefabricados, hacen música caliente y dos discos les bastan para un show sin el menor bajón.
Este concierto veraniego demuestra por qué valen tanto, ya sea en el Metro Rock, en Benicassim o en Vigo... da igual cómo se mida. Abre la noche el trío madrileño Femme Fatale, no les vemos, estamos en la cola de acreditaciones, reparto detenido al llegar una furgoneta blanca con los Franz Ferdinand dentro, van sentaditos como si fueran niños bien de una high school cara. Ya dentro, escuchamos a Delorean. Aprovechan su media hora de gloria, los de Zarautz [Gipuzkoa] empiezan como el grupo anónimo que toca mientras buscas bebidas o llamas por el móvil y acaban robando atención con un temazo final con crescendo del beat inspirándose en Chemical Brothers. Se les aplaude mucho tras media hora de ritmos propios del sonido "Madchester" [Happy Mondays, Stone Roses]. Han dejado el ambiente caldeado, puede arder con sólo soplar una cerilla. Pasan 40 minutos, la impaciencia desata silbidos y... salen los Franz Ferdinand entre una fanfarria pregrabada y fogonazos de luz hecha de rojos y azules, la banda que demostrará por qué se lleva la mayor parte de los 234.000 euros que cuesta esta sesión indie.
Empiezan de golpe. Trallazos de pop bailable, melodía saltarina y guitarras de culo inquieto. Sueltan la frenética "This Boy", luego "Come on home" y, a la tercera, "Do you want to", su mayor hit, que incluye infalibles fraseos de “chu, chú... churu... rurururú...” , la adrenalina se dispara aunque la toquen con ligera rutina muy bien disimulada, quizá por eso sale tan pronto. "Buenas noches Vigo", grita Alex Kapraros, voz, guitarra y líder principal. Viste vaquero oscuro y camisa roja a juego con la plataforma que sostiene los teclados [izquierda], la batería [centro] y los pies del bajista [derecha], que apenas se mueve y parece un maniquí de El Corte Inglés vendiendo amplis de bajo.
Salen en formación de quinteto, arrasando en un inicio similar al ofrecido en el Pavelló Olimpic de Badalona [Barcelona], el pasado diciembre, donde hubo una gran pantalla al fondo del escenario, único elemento que falta hoy en un decorado con cuatro macro telones rojos saliendo tras caerse el negro telón inicial en el orgasmo colectivo de "Do you want to". Las telas van rotando, ofrecen rostros de los cuatro miembros y esa portada del segundo disco con toque Bauhaus, guiño a su época estudiantil en Bellas Artes. Pret de las regletas de luz superior, llevan una familia de cabezones focos de pie que reparten rojos y naranjas, y que parece que también van a bailar de un momento a otro. La banda suenan bien, muy bien, puedes leer cada instrumento, escucharlos juntos o atender a la voz de Kapraros, cuya dicción no decae ni al bailar. Por los teclados pasan todos, algo que no ves en un grupo nacional ni en sueños. Lo hace varias veces Nick Mc Carthty, guitarrista y segundo líder de la banda, que gasta camisa y pantalón vaquero, una llama azul que no para de moverse y que alterna tres guitarras, coros y teclados, aunque a las teclas sale un quinto músico que refuerza al grupo al principio y final del show, un quinto Ferdinand con botas de chúpame la punta y look rockabilly.
El vitalismo de estos británicos juega con los cambios de ritmo que marca una base rítmica muy festiva, y unas guitarras que suenan alto, claro y con chulería. Tras la entrada triunfal, Kapraros agarra la acústica y da treinta segundos de tregua antes del acelerón de "Jacqueline" ... bailan hasta los árboles de Castrelos, parque asilvestrado cuyo auditorio se reparte en zona de pago para ver y escuchar muy bien, y grada gratis para ver lejos y escuchar bien. El riff y la base rítmica de "Tell her tonight", llevan del cabeceo propio del perro del coche de "Cuéntame" al baile de pies y manos sin dueño. Kapraros reparte patadas al aire y sigue el ritmo disparando al público con las manos, y marcando un vaivén general con brazos arriba para nadar a uno y otro lado casi como si esto fuera un concierto de hip hop. Castrelos se convierte en un western donde los tiros apuntan a la alegre new wave. Los Ferdiand juegan con un riff y piden gritos sincopados, naranaraná.... ¡OÉ!, naranaranaá... ¡OE! Tras repasar el segundo disco, a mitad de bolo despliegan su primer álbum con "The dark of the Matinee"o "Michael". El repertorio es perfecto para quien quiera disfrutar de su sonido y para quien le pida a una banda romper la cuarta pared y arengar al personal. La locura estalla con "Take me out", y explica por qué han pasado de tocar en salas a llenar pabellones en apenas tres años. Al final, hay un breve sólo del batería, el único miembro nacido en Escocia, tierra de adopción del resto, él golpea acompañado por dos espontáneos, el quinto Ferdinand y un sexto tío canoso que no sabemos de dónde sale y al que envidiamos unas veinte mil personas subidas al cielo. Agotan una hora de alocado directo, y regalan un bis de 15 minutos tan bueno que la sonrisa general se queda tras marcharse 75 minutos de Franz Ferdinand en carne viva.

