Black Joe Lewis... rotos por el concierto del año
Por: Marisol Blanco. fotos: Diego de la Iglesia Fernández
Black Joe Lewis es de Austin, Texas, y lo tiene todo. Ganas, talento, banda cómplice y un estilo fresco que acelera el latido de los grandes de la música negra.

20 de noviembre de 2009 en sala Capitol, Santiago de Compostela, A Coruña
- · Grupos: Black Joe Lewis and The Honeybears.
- · Público: Casi lleno [unas 600 personas].
- · Precio: 10 euros / 15 euros con disco.
- · Promotora: Heineken music Selector.
Black Joe Lewis es de Austin, Texas, y lo tiene todo. Ganas, talento, banda cómplice y un estilo fresco que acelera el latido de los grandes de la música negra. Con un sólo disco, lo suyo huele a carrera larga. En Galicia se mostró cercano, tanto que agarró una botella de Jack Daniels ofrecida por el público, echó varios tragos [luego el bajista y el guitarra] y alternó ese whisky con las botellas de la cervecera patrocinadora del evento. "I´m broke", así se llama su gran hit, y así acabamos todos... rotos de sudar y bailar rhytm and blues.
Black Joe Lewis es poco conocido pero verle en Santiago supondrá hablar de él durante meses. Presenta en Europa Tell 'Em What Your Name Is!, debut largo publicado por Lost Highway Records, discográfica norteamerica que también edita a Ryan Adams y Van Morrison, un sello que demuestra su buen olfato apostando por este aullador que alterna guitarra, voz y armónica. En 2007, sacó un cd previo de título homónimo y solo con seis temas.
Lewis gasta pinta del bluesman urbano... vaqueros Levi´s, camisa a cuadros sobre cami deportiva, zapatillas Nike, sonrisa marcando ritmo y centra su tour en Inglaterra. De hecho, la furgoneta de los roadies aparcada fuera lucía la pegatina "UK" y aunque lleva una banda sin teclados... nadie lo echó de menos.
A la izquierda, según mirábamos y bailábamos, un incendiario trío de metales; a la derecha, un bajista saltarín, un guitarra que chapurrea castellano y al fondo un batería larguirucho blanco como la leche. Juntos parecen una cuadrilla de universidad yanki tocando en la fiesta del campus, todos con camisa blanca [corbata negra en los vientos], salvo Black con planta de jugador de basket pero su intensidad se notó pronto, hasta en la barra, más movida que en otros conciertos.
Y todo porque nadie podía dejar de moverse ante ese groove alocado, inquieto, taquicárdico, música que explica el improvisado modo de componer de Lewis, quien ha llegado a decir: "Si no es porque las canciones están grabadas, no recordaría ni la mitad de ellas". Su frase da pistas de los cambios de ritmo, locos, e intensos del repertorio en vivo.
Pese a quemar algunos hits en la primera media hora, como "Gunpowder", uno de sus temas frenéticos junto a "Sugarfoot", aquí todo daba igual con Black Joe Lewis y la banda crecidos por la apasionada respuesta del público. Los músicos citaron varias veces un alegre... "Gracias Santiago" que olía a sincero; y ni siquiera bajó el ambiente en "Master Sold My Baby", balada donde la voz de Lewis fue a buscar el sonido Stax de los años sesenta, demostrando ser un frontman completo [a ratos dejó la guitarra e hizo de cantante-predicador al estilo bromista de James Brown, agarrado al micro a dos manos en el suelo...]
Antes de ese explosivo final, hubo de todo. Incluso un momento donde, de repente, alguien que vestía como los Noneybears pasó junto a nosotros... "Eso si que es ser fan", pensé pero luego comprobé que Lewis hacía chistes porque faltaba el trompetista, que tras dos minutos, regresó y fue abrazado como si volviese de tomar alguna medicina [en el guardarropa, vimos una caja de Almax, ¿le costó digerir el marisco?]...
El trompeta volvió reforzado. Sonó más enérgico porque el show estaba hilado para un buen crescendo. Cada ovación superaba en ruido a la anterior, a lo que ellos contestaban gritando desde dos micros... "Olé, olé, olé...", canto que los estadounidenses confunden con el futbolero "Oe, oe, oe..." Ya se sabe, hay tópicos indestructibles.
No faltó ni un tema donde todo el grupo hacía coros ["Please Pt. Two"] para luego pedir apoyo de un público desgañitado con gusto, marcando palmas, esas que unos piden y que esta noche brotaron solas.
Tras hora y pico, se fueron pero al ver la sala encendida... regresaron. Primero la banda, abriendo con soul instrumental de la mejor escuela Bar Kays, luego con Black Joe Lewis a ritmo de funky imparable. El bis, de quince minutos, dejó a la sala exhausta. Más gritos, más aplausos y... come back!
Volvieron tan encantados con el público, con la calidad del sonido, que se abandonaron a una jam alocada con Lewis por los suelos, como antes los Honeybears durante un tema lento que nos puso a todos en cuclillas, preparando un subidón que nos llevó a la atmósfera juvenil de un club prohibido de los años sesenta.
Tras ese segundo bis, se encendieron las luces, de lo contario, aquello hubiera seguido... all nigh long! Rara vez hay tal sintonía entre público y grupo. La música negra está en alza, Sharon Jones es la cara suave del soul y Black Joe Lewis la explosiva del rhtym and blues.
Hay una generación de fans y músicos que reinventa desde el ayer, sin miedo a combinar a Otis con el guasón Johnny Guitar Watson y a darle a todo eso velocidad de garage.
Si a la salida llegan a vender discos, nadie se hubiera marchado sin el suyo. Si Black Joe Lewis and The Honeybears tocan así cada noche... acaban llenando estadios.
