CRÓNICA: Bilbao BBK Live 2026, crónica de concierto en Bilbao - 8 de julio de 2026

Bilbao BBK Live 2026: brillan Robbie Williams, Yerai Cortés, David Byrne y Fatoumata Diawara


Por: Beronikes S.

El festival Bilbao BBK Live 2026 ha ofrecido conciertos muy variados de la programación extra especial de su 20 aniversario, como el de José González, que llevó Bereziak al Museo Guggenheim Bilbao, todo parte de una semana con estrellas como Robbie Williams o David Byrne, entre más propuestas.

Bilbao BBK Live 2026, crónica de concierto
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8 de julio de 2026 en Kobetamendi, Bilbao

  • . Grupos y artistas entre el 9, 10 y 11 de julio de 2026: Calvin Harris, Dellafuente, hemlocke springs, Westside Cowboy, Vampirina Club by Metrika & D.Basto, Hotcore Party: Taichu and Friends, La Paloma y BARRRK, Robbie Williams, Alabama Shakes, Charlotte de Witte, Idles, Interpol, Lily Allen, Richie Hawtin Dex Efx Xox, Belén Aguilera, Belle and Sebastian, Cmat, Dani Fernández, La M.O.D.A., Paris Paloma, Ralphie Choo, Soulwax, Tomora, ZAZ, Apparat, BB Trickz, Depresión Sonora, Don West, Fatoumata Diawara, Horsegirl, Juicy Bae, Mind Enterprises, Ni Genea Live, Queralt Lahoz, Thee Sacred Souls, Xoel López, Yerai Cortés, Aimarz, Amore, Carpetman, Cervatana, Folk Bitch Trío, GAR, Hoonine, Marte Lasarte, Las Petunias, Mietze Conte, Sara Zozaya
  • · Recinto: Kobetamend. Bilbao.
  • · Público: Unas 112.000 personas sumando las tres jornadas.
  • · Promotora: Last Tour International.

El festival Bilbao BBK Live 2026 ha tenido casi de todo en clave de pop, rock, indie, electrónica, urbana... y LA GANZUA, revista donde cumplimos 25 años informando de música de forma independiente, hemos afrontado tres de sus cuatro jornadas si contamos el buen prólogo del miércoles 8 de julio, parte de una oferta de pago que además ofreció en varios puntos de Bilbao actuaciones gratuitas, todo un acierto para extender el ambiente festivo más allá de Kobetamendi. 

Miércoles 8 de julio. · José González inaugura el BBK Live desde el Guggenheim

La vigésima edición del Bilbao BBK Live comenzó de la mejor manera posible. Antes de que Kobetamendi abriera sus puertas, el ciclo Bereziak volvió a demostrar por qué es una de las grandes señas de identidad del festival. El espectacular atrio del Museo Guggenheim acogió el concierto de José González, que agotó entradas y convirtió la víspera del festival en una noche de calma, belleza y recogimiento.

Solo, acompañado de su guitarra acústica y de una voz capaz de llenar cualquier espacio sin necesidad de artificios, el músico sueco de raíces argentinas ofreció un recorrido por buena parte de su repertorio más conocido y por su último trabajo, Against the Dying of the Light. El concierto comenzó con Etyd y fue alternando canciones como Losing Game (Sick), Every Age, Stories We Build, Stories We Tell, El Invento, Teardrop o la siempre emocionante Heartbeats, además de interpretar una delicada versión de Blackbird, de The Beatles, uno de los momentos más especiales de la noche.

Público del Bilbao BBK Live 2026

En un momento en el que cada vez resulta más habitual pagar entradas muy caras para asistir a conciertos multitudinarios, muchas veces lejos del escenario y con peores condiciones para disfrutar de la música, poder contemplar a un artista de la talla de José González en un formato tan íntimo y en un lugar tan extraordinario como el atrio del Guggenheim fue un auténtico privilegio. Hay conciertos que impresionan por su espectacularidad y otros que emocionan precisamente por su sencillez. Este perteneció, sin duda, a los segundos.

Como única nota personal, me fui con una pequeña espina. Echaba de menos Cycling Trivialities, una de mis canciones favoritas de todo su repertorio. Probablemente no habría cambiado el carácter contenido del recital, pero para mí habría sido el broche perfecto de una noche preciosa que sirvió como magnífico prólogo de un BBK Live que apenas acababa de comenzar.

Jueves · De la sorpresa de Alcalá Norte a la obra de arte de David Byrne

Llegué a Kobetamendi justo cuando Alcalá Norte aparecían como una de las sorpresas del vigésimo aniversario del Bilbao BBK Live. Para mí fue una noticia especialmente bienvenida: es un grupo que me gusta y encontrarme con ellos nada más entrar resultó una forma estupenda de comenzar la jornada. La banda se instaló en el anfiteatro natural situado frente al escenario principal, bajo las grandes letras del festival, en una ubicación tan vistosa como desconcertante. Había que elegir entre mirar y escuchar: si dirigías la vista hacia el grupo, los veías perfectamente, pero el sonido llegaba desde los altavoces del escenario principal, a nuestra espalda. La sensación era extraña y algo antinatural, aunque el concierto terminó convirtiéndose en uno de esos momentos espontáneos, divertidos y agradecidos que dan personalidad a un festival. Alcalá Norte figuraban a las 21:00 horas dentro de la programación del jueves, jornada en la que también coincidían Don West, Paris Paloma, hemlocke springs, FKA twigs, Fatoumata Diawara y David Byrne.

Alcalá Norte en el Bilbao BBK Live 2026

Después me acerqué a Don West, que ofreció un soul correcto y agradable, aunque su actitud de galán hipersexualizado, demasiado consciente de su propio atractivo, me restó algo de credibilidad. Puede que sea parte del personaje y que a otra parte del público le funcione, pero en mi caso terminó imponiéndose demasiado sobre las canciones.

Con hemlocke springs la impresión fue mejor. Su propuesta electrónica no encaja especialmente con mis gustos, pero ella estaba entregada, tenía presencia y estaba haciendo volar al público. El problema volvió a ser el sonido de la carpa. A estas alturas resulta difícil entender que, después de tantos años y de un consenso bastante extendido sobre sus deficiencias, no se haya solucionado. No es una incomodidad menor: empobrece las actuaciones, perjudica la experiencia del público y supone una falta de consideración hacia artistas que han trabajado para presentar su música en condiciones.

Paris Paloma dejó una sensación bastante más tibia. Cumplió, pero su dramatismo, su imaginería y su forma de construir los clímax remitían demasiado a Florence + The Machine. El resultado parecía una versión de marca blanca: reconocible, eficaz por momentos, pero sin la personalidad ni la capacidad de deslumbrar del modelo original.

FKA twigs en el Bilbao BBK Live 2026

FKA twigs era, sobre el papel, una de las grandes citas del jueves. Su actuación estaba planteada como un espectáculo total en el que música, coreografía, teatralidad y pole dance convivían dentro de un mismo concepto; esa dimensión performativa fue también uno de los aspectos más destacados por otras crónicas de la jornada. Entiendo perfectamente su repercusión y también que sus seguidores encuentren fascinante ese universo, pero a mí me pareció un espectáculo bastante decepcionante, incluso bochornoso por momentos. La idea estaba ahí, pero la ejecución me pareció poco trabajada y menos espectacular de lo que prometía. Además de la presencia evidente de voces pregrabadas, tuve la impresión de que en algunos momentos recurría al playback. No puedo afirmarlo como un hecho, pero sí fue claramente mi percepción desde el público. Más que provocarme fascinación, la propuesta me dejó fuera.

El cambio de energía con Fatoumata Diawara fue radical. La cantante y guitarrista maliense se entregó por completo y ofreció uno de los conciertos más vivos, cálidos y disfrutables de la jornada. Hubo alegría, conexión y una generosidad escénica que atravesaba la distancia entre el escenario y el público. Fue divertida, poderosa y cercana; una auténtica gozada y uno de esos conciertos capaces de devolverte inmediatamente al festival después de una decepción.

Público del Bilbao BBK Live 2026

Y entonces llegó David Byrne. Su concierto fue otra cosa: una obra de arte construida con una precisión que nunca parecía fría. Byrne y su compañía ofrecieron un espectáculo visual extraordinario, cuidado hasta el último movimiento, en el que músicos, cantantes y bailarines formaban un organismo colectivo. No había elementos decorativos gratuitos: las coreografías, el vestuario, la iluminación y la disposición escénica estaban al servicio de las canciones. También vocalmente se mostró en una forma excelente.

El repertorio bilbaíno comenzó con Everybody Laughs y recorrió tanto su carrera en solitario como una generosa selección del legado de Talking Heads: And She Was, Strange Overtones, Houses in Motion, (Nothing But) Flowers, This Must Be the Place (Naive Melody), Slippery People, Psycho Killer, Life During Wartime y Once in a Lifetime. También sonaron What Is the Reason for It?, Like Humans Do y Everybody’s Coming to My House, antes de cerrar con Burning Down the House.

El contraste con FKA twigs fue inevitable. No por una cuestión de estilos ni de generaciones, sino por la diferencia entre exhibir un concepto y convertirlo en una experiencia completamente elaborada. En Byrne se percibía el trabajo, el mimo y el amor por lo que se estaba haciendo, pero también una profunda consideración hacia el público. Me sentí cuidada. Sentí que no se limitaban a cumplir con una fecha de festival, sino que nos estaban regalando algo especial, pensado y ensayado para que cada persona allí presente se llevara una experiencia completa.

David Byrne en el Bilbao BBK Live 2026

David Byrne cerró así mi primera jornada en Kobetamendi elevándola muy por encima de sus altibajos. Después de varias actuaciones correctas, alguna sorpresa feliz y una gran decepción, acabamos asistiendo a uno de esos conciertos que explican por qué todavía merece la pena subir al monte: porque, de vez en cuando, un artista convierte un escenario de festival en un lugar irrepetible.

Viernes · El día en que el festival encontró su equilibrio

El viernes fue, probablemente, la jornada más completa de todo mi BBK Live. No solo por el cartel, sino porque encontré ese equilibrio entre descubrir artistas, reencontrarme con otros a los que llevaba años siguiendo y, sobre todo, disfrutar sin prisas del propio festival.
Antes incluso de empezar con los conciertos, dedicamos un rato a recorrer los diferentes stands repartidos por el recinto. Confieso que no soy especialmente amiga de la creciente comercialización de los festivales —a veces da la sensación de estar paseando por un centro comercial al aire libre—, pero también es cierto que algunas marcas consiguen proponer actividades divertidas. Entre juegos, regalos, bolsas, caramelos y algún que otro gorro, terminamos echando unas risas y haciendo tiempo hasta que arrancó la música.
El primer contacto fue con Depresión Sonora, un grupo al que todavía no había prestado demasiada atención. Me encontré con una propuesta honesta, de post-punk melancólico y bastante directa, que funcionó muy bien como toma de contacto con la jornada. No fue el concierto del día para mí, pero sí una agradable primera impresión.

La primera gran sacudida llegó con Yerai Cortés. Cada año me reafirmo en que el escenario Repsol es uno de los rincones con más encanto de Kobetamendi y el guitarrista flamenco convirtió aquel espacio en un auténtico volcán de emociones. La fuerza de su guitarra, la intensidad de la percusión y la presencia escénica de las bailaoras y palmeras que lo acompañaban construyeron un espectáculo absolutamente magnético. Había virtuosismo, pero también verdad, emoción y una sensación permanente de estar asistiendo a algo único. Fue, sencillamente, espectacular.

Alabama Shakes en el Bilbao BBK Live 2026

Después llegó uno de los conciertos que más esperaba: Alabama Shakes. Llevo muchos años siguiendo tanto a la banda como la carrera en solitario de Brittany Howard, una de esas artistas que me parecen extraordinarias no solo por su voz —que la tiene— sino también por su enorme talento como guitarrista, algo que a menudo queda injustamente eclipsado. Vocalmente estuvo impecable, como era de esperar. Sin embargo, me faltó algo. Encontré un concierto muy correcto, incluso muy bueno técnicamente, pero eché de menos una mayor implicación emocional, más energía y la sensación de que la banda estaba disfrutando realmente del momento. Quizá mis expectativas eran demasiado altas.

Todo lo contrario ocurrió con Belle and Sebastian. Los escoceses ofrecieron un concierto luminoso, divertido y tremendamente cercano. Recorrieron muchos de los temas que han marcado su trayectoria y consiguieron que el público entrara rápidamente en su juego. Es verdad que, por momentos, el sonido o algunos arreglos podían resultar algo irregulares e incluso ligeramente verbeneros, pero precisamente ahí residía parte de su encanto. Fue uno de esos conciertos que no buscan impresionar, sino hacer disfrutar. Y lo consiguieron.

Robbie Williams en el Bilbao BBK Live 2026

La gran sorpresa personal de la noche fue Robbie Williams.
Reconozco que llegaba con ciertos prejuicios. Siempre me ha interesado más el Robbie Williams de discos como Swing When You're Winning —y posteriormente Swings Both Ways— que el de los grandes himnos para estadios. Sin embargo, acabé completamente conquistada por el espectáculo.

Es cierto que la voz mostraba el desgaste lógico de los años, pero compensó cualquier limitación vocal con un dominio absoluto del escenario y un enorme oficio como entertainer. Su concierto fue un repaso muy inteligente por toda su carrera y me hizo recordar la enorme cantidad de canciones que forman parte ya de la memoria colectiva. Entre canción y canción fue construyendo un espectáculo cercano, divertido y sorprendentemente elegante.

Robbie Williams en el Bilbao BBK Live 2026

Uno de los momentos más brillantes llegó durante la presentación de la banda. En lugar de limitarse a nombrar a cada músico, fue introduciendo a cada integrante utilizando fragmentos de clásicos de la historia del pop y del rock adaptados al protagonismo de cada instrumento. Sonaron guiños a canciones como Smoke on the Water o Hey Jude, arrancando continuamente la complicidad del público. También me hizo especial ilusión que rescatara parte de su repertorio de crooner interpretando New York, New York y My Way, un registro que siempre le ha sentado especialmente bien.

Robbie Williams en el Bilbao BBK Live 2026

Además, en una noche marcada por el partido del Mundial que disputaba España, Robbie fue informando con humor de la evolución del marcador, incorporando el resultado a sus bromas y consiguiendo que el público viviera también ese acontecimiento sin abandonar el concierto.Mi plan inicial era dividir la noche entre Robbie Williams y Xoel López, pero llegó un momento en el que comprendí que no quería moverme. El concierto estaba siendo tan entretenido y tan bien construido que decidí quedarme hasta el final.

Eso sí, me quedó una pequeña espina: renunciar también a CMAT, una artista que tenía muchas ganas de descubrir en directo. Los inevitables solapamientos de un festival volvieron a obligar a elegir.
El viernes terminó confirmando algo que pocas veces ocurre con tanta claridad. Un gran concierto no siempre es el del artista más sofisticado ni el más innovador. A veces basta con alguien que conozca perfectamente su oficio, respete al público y se esfuerce por ofrecer un espectáculo pensado hasta el último detalle. Robbie Williams hizo exactamente eso y cerró una jornada magnífica en la que Kobetamendi volvió a demostrar por qué, veinte años después, sigue siendo uno de los festivales más especiales de Europa.

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