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Peter Broderick en Santiago, duele llegar tarde

  7.10.2014 20:33

Es para matarte, ha empezado a las nueve y media. Así me sirve la cerveza el camarero de la sala Capitol cuando entro en una sala donde unas 150 personas escuchan en un clima de serenidad folkie a Peter Broderick, a quien pocos segundos le bastan para demostrar a cualquiera que duele llegar tarde a un concierto suyo. Crei que tocaba antes una telonera pero... no, en este show de Santiago, no. Fuera llueve. Dentro este músico norteamericano nacido en los años setenta ofrece guitarras cálidas y palabras suaves. El miércoles 8 actúa en Ourense, el lunes 13 de octubre en Madrid y el martes 14 de octubre en Barcelona. En nuestra Agenda de Conciertos tienes más detalles. Vale la pena seguirle. Broderick está de gira presentando un EP llamado Colours of the Night, grabado en Suiza, con Timo, ingeniero de sonido a quien pregunta en plena actuación en Santiago si puede compatibilizar una entrada para el cable de su guitarra con el uso del violín. Peter canta, compone y toca mil instrumentos. En este tour viaja con banda, en formato de cuarteto, apoyo algo desaprovechado al menos en los cinco temas que he podido escucharle dentro de un show íntimo que es parte del ciclo Compostela Rock. Tras una hora, según me dicen, parece que ha gustado, tal y como escucho comentar en un par de corros cercanos. Hay bis. Broderick regresa. Habla con el público y parece admitir una petición. Es ahí cuando voz al aire le pregunta al técnico de sonido cómo organizarse, uno de esos detalles que irradia la naturalidad que hace especial acudir a un concierto. Tras el OK de Timo, Peter enchufa la guitarra eléctrica y al tiempo que la toca graba ese ritmo básico para, de prisa, corriendo, buscar el violín, enchufarlo donde estaba el otro instrumento, rasgar el pequeño mastil brevemente para añadir otra capa sonora, pisar un pedal y tocar frenéticamente ese mismo violín sobre las dos texturas previas... y al rato acabar la canción guitarra en mano de nuevo ya sin esos extras ligeramente pregrabados, y siempre sonando con encanto. Se aplaude, lógico. Sale la banda para despedir la actuación con él tras un concierto con bastante guitarra acústica, baquetas etereas y repertorio rico en matices sonoros de tempo sereno sein prisa, música perfecta para dar cuenta de las cañas que reposan en las mesas altas que salpican la sala. Vuelvo a la calle. Sigue lloviendo. Me queda el consuelo de saber que Broderick ha editado una quincena de discos... habrá que hacerse un regalo. --------------------------- porXabier Sanmartín Cuevas ------------------------------------------

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