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Lujuria y su viaje a Bolivia, rock en Wuliwya

  18.10.2016 22:10

Wuliwya, o lo que es lo mismo si no usamos la lengua aimara, su lengua, Bolivia. Quería usarla. Bolivia está orgullosa de su origen indígena, y no es para menos. Su riqueza cultural es enorme. Su modernidad, también. De hecho, su nombre oficial es Estado Plurinacional de Bolivia. Lujuria visitaba Bolivia el pasado 8 de octubre para actuar en el festival Scream Bolivia 2016 acompañando en el cartel a Uriah Heep, El Tri de México, José Andrea Uróboros y junto a dos bandas locales, La Logia y Thrashmaniacs. Siempre que volamos a Latinoamérica se produce el mismo ritual, los seguidores empiezan a contactarnos por las redes sociales para averiguar a qué hora aterrizamos en su país. Lo hacen con todas las bandas que los visitan. Les da igual la hora. Nosotros llegábamos a la ciudad de El Alto, donde está el aeropuerto de La Paz, a las 7 de la mañana del mismo sábado. Su ilusión es recibirte en el aeropuerto, hacerte sentir desde el minuto uno su calor, su agradecimiento por ir a visitarles, su compromiso real con la banda. Pintan las banderas de sus países con los logos de la banda y pacientemente esperan tu llegada. Os decía que el aeropuerto está en la ciudad del Alto para que veáis que les toca viajar. Está a unos 15 kilómetros de La Paz pero se suele tardar, teniendo suerte, una media hora por una carretera siempre con atasco porque todo llega y parte de ahí para nutrir a La Paz, así que imaginad coches, camiones... ya podéis deducir el esfuerzo que hacen un sábado para estar ahí a la hora que llegas. Pues... están, con sus banderas, con algunas fotos para que firmes, con su sonrisa, con su calor. Y tú aterrizando a 4.008 metros sobre el nivel del mar. Al llegar, lo primero que suelta Santi, nuestro bajista, al salir fue... hostia, un pedo gratis. Y sí, estábamos todos como mareadillos, como medio pedos, con la altura. Nos daba la risa tonta. Todo costaba mucho más hacerlo. Y todo se olvidó cuando oímos gritar el nombre de nuestra banda. Ahí estaba nuestra gente, haciéndose fotos, abrazándonos, disfrutando un día de rock desde el inicio del día. La gente de la organización fue a recogernos con el medio de transporte que siempre se usa en Latinoamérica, las queridas busetas. A los Lujuria nos encantan. Hay quien también se ha enterado del hotel en el que estamos las bandas, donde también está la selección de fútbol boliviana. Y ahí nos esperan. Respetuosos. Muy respetuosos. Nadie entra a menos que le invites, si no es así, pueden pasarse horas en la puerta solo por verte, por hacerse foto contigo, por la firma. Nosotros tomamos posesión de las habitaciones, comimos algo, y hay que decir que estaba muy rica toda la comida que probamos... y luego fuimos a probar sonido. Eso allá siempre es más lento. La organización había dispuesto un back line para cada grupo. Tal vez compartir algunas cosas hubiese acelerado el proceso pero el equipo es bueno. Hay 10 cámaras y una grúa para grabar imágenes, hay explosivos, tracas y confeti que la organización pone para los grupos a diferencia de España donde a quien quiere adornos le toca llevarlos. Allí no, ellos buscan que luzca su festival, lo que me parece más lógico. Nos atrancamos un poco en la prueba. Faltan piezas de la batería. Nos prestan sus cosas Thrasmaniacs, encantados. La camaradería es ley allá. Antes nos habíamos hecho fotos con La Logia y con ellos. Hay que respetar a las bandas locales del país que visitas, es nuestra filosofía. En realidad hay que respetar todo del país que te acoge. Sus costumbres, su cultura, sus bandas, su música, su gente. Vemos algunas veces bandas muy engreídas, que miran por encima del hombro estas cosas, "se pusieron sabrosos" dicen allá, ja jajajaja. Jamás me perdonaría que Lujuria fuera una banda "sabrosa". Nosotros preferimos ser "pata chévere", una expresión que nos enseñaron los seguidores peruanos y que nos encanta. En cuanto llegamos a Latinoamérica todo es "pata chévere". Las entradas se venden por sectores. Duele eso de que haya separación por precios pero tenemos que entenderlo. Solo cada billete de avión le cuesta a la organización 1300 dólares. Nosotros viajábamos 6 personas. Multiplicad por los grupos y veréis que, o se hacen cosas así, o no acaba de salir rentable a quien nos contrata y una de las premisas de Lujuria es que quien nos contrate, donde sea, Latinoamérica, España, Europa u Oceanía, jajajaja... acabe contento también. Quien organiza eventos debe ganar con ellos, así nos aseguramos la continuidad. Ahí deben mejorar, no hay merchand, no trabajan las barras, el dinero sale a huevo de las entradas, se están dejando fuentes de financiación que, de explotarlas, ayudarían bastante. Se lo conté a la gente que nos llevó y me escucharon con atención, espero que se avance y abarate algo las entradas e incluso que desaparezca esa división de entradas que, para mi pesar, se está empezando a copiar aquí. Enseguida aprendemos lo malo, copón, que lo vamos a hacer... El concierto se desarrolla como una auténtica fiesta. El público va a divertirse. Si pides palmas, tienes 8.000, si pides que canten, cantan 8.000, si pides mechero..., bueno aquí tienes 2.000 y 6.000 móviles, que son tiempos modernos pero luces tienes. Y seguían las sorpresas. Tras tocar, nos dicen que vamos a recibir un reconocimiento. El Alcalde Municipal de La Paz, Luis Revilla Herrero, nos entrega un pliego que nos reconoce como pioneros del heavy metal y promotores de la integración a través de la música. Como decíamos entre nosotros, igualito que aquí. A raíz de ese reconocimiento fui entrevistado en su televisión. Comía al día siguiente con mis palabras en la tele, coño Oscar, que estás en el telediario, decían los Lujuria mientras almorzábamos. Y allí estaba, imágenes del festival, crónica de lo acontecido y Bolivia felicitándose por ese festival internacional que había llegado a tanta gente, con público de Brasil, Perú, Argentina o Chile, al que pude saludar viendo los demás conciertos. Al regresar de algún país latino me preguntan por el público y siempre digo lo mismo, como aquí pero como aquí éramos en los 80, cuando amábamos la música, a los grupos, los seguíamos, los apoyábamos, era la música de la gente joven. Así es allí ahora, mientras, aquí, el público ha hecho algún curso de examinador de grupos en 20 clases y, si bien, por un lado, no me parece mal que el que paga exija y comente los fallos técnicos o de cualquier tipo que un grupo tenga en su ejecución en directo, por otra parte, a veces echo de menos esa entrega. No sé, tal vez, como dice Buda, en el punto medio esté la solución. Allí se dejan el sueldo de un mes por verte, aquí la música en vivo se ha convertido en la última prioridad del ocio. Y ni lo uno, ni lo otro. Allí podríamos decir que todo vale, aquí que casi nada. Y ni lo uno ni lo otro. Allí somos casi dioses, aquí, casi diablos. Pues ni lo uno ni lo otro. En fin, el público siempre es soberano, yo os dejo estas humildes reflexiones y, por supuesto, cerrar estas líneas con un: GRACIAS BOLIVIA, VOLVEREMOS Ese grito sale del alma. También un: GRACIAS A TODAS Y A TODOS LOS QUE SEGUÍS A LUJURIA SEAIS DE DONDE SEAIS No me gusta comparar cosas, me gusta amarlas como son. Lujuria ama a su gente, sabemos que nuestra gente nos ama a nosotros. No importa de donde seas. Lo demás... como aprendimos en México, NOS VALE VERGA POR EL PUTO ROCK AND ROLL Oscar Sancho, cantante de / Lujuria

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