Quique González ganó fama hace cinco años por salirse de la multinacional Warner para irse por libre. El gesto le llenó de amigos. Desde entonces, ha ido creciendo lejos de cierta comparación tan grande como injusta: el Bruce Springsteen madrileño, llegaron a decir algunos. Lo suyo es el pop rock de raiz norteamericana, siempre con tempos medios, casi de cantautor si no fuera porque esa palabra da alergia. El caso es que pienso hacerme del club de fans de Quique tras saber que se ha aliado con el outsider Lapido en una gira a medias llamada Soltad a los Perros, continuación de alguna esporádica colaboración previa como una en el Teatro Lara de Madrid en 2012, cuando González, de todo menos speedy, se vino desde Santander para compartir escenario con su colega granadino. Quique cuenta desde hace un par de años con el apoyo de la promotora vasca Last Tour international, que organiza el Azkena Rock de Vitoria - Gasteiz y el BBK de Bilbao, Lapido, en cambio, lleva años ladrando en esas noches sin farola en la esquina donde el músico de culto suele acabar entre escombros de un público desaparecido, oculto. Jose Ignacio Lapido trabaja desde hace años para no quedarse en medio de la nada, allí, en medio de ningún lado. Y lo ha va consiguiendo. En este siglo, Lapido ha lanzado buenos discos desde su propio sello discográfico, Catatonia, con canciones defendidas a base de mucha carretera secundaria. Tras entrevistarle un par de veces, me queda un retrato donde cabe su valentía en minúscula, la del músico que no presume de autoeditarse pero lo hace porque ni sabe ni quiere hacer otra cosa que componer, cantar, tocar... y también cabe la energía del corredor de fondo, testarudo rocker que no se deja engatusar por modas como el coaching, Twitter o la marca personal. Cuando se unen dos personas hay que celebrarlo. Quique es un número par, Lapido impar. Ambos saben que dos y dos no son cuatro, que cuando se marca el 091 la policía siempre llega tarde, y que para delantera mítica... nada como sus canciones de guitarra acústica, insuflan el ánimo perfecto para cuando el ángel decida volver para ayudarnos en esta tarde de perros. ---------------------------------
por Xabier Sanmartín Cuevas