Festivales pequeños... sois grandes
Madrid y Barcelona concentran muchísima población pero la Agenda de Festivales de La Ganzúa permite comprobar que el verano ofrece mucho más que los macroeventos allí organizados. También hay eventos multitudinarios en otros lugares, caso del BBK Live de Bilbao, el Resurrection Fest de Viveiro [Lugo], el Cazorla Blues [Cazorla] o La Mar de Músicas [Cartagena, Murcia], que demuestran cuanto ha cambiado la escena pero hoy quiero reivindicar otra cosa. Es hora de homenajear a esos otros festivales que siendo modestos en presupuesto logran ser grandes en emoción.
Hay pueblos de apenas 10.000 habitantes donde docenas de personas anónimas organizan un festival que con el reclamo de algún grupo importante sirve de escaparate para las bandas locales logrando un necesario sentimiento de unión. Muchos de esos músicos rara vez tocan ante más de cincuenta personas y al verse en un escenario tan especial dan conciertos inolvidables dentro de sus posibilidades, protagonizando noches donde es fácil recordar que la palabra festival viene de fiesta y donde se disfruta de la música en vivo sin poses ni pases [para backstage o palcos VIP llenos de tontería].
Estos festivales se hacen en polideportivos modestos, en castigados pabellones multiusos, en viejas plazas de toros o en campos de fútbol de yerba mal cortada donde los medios suelen ser justos pero la ilusión máxima. Estos carteles buscan siempre que la música se enriquezca con otras áreas de la cultura, conviviendo con mercados de artesanía, exposiciones, cine, internet, talleres, danza y reivindicaciones sociales.
Muchos son eventos de entrada libre o con la entrada a precio muy ajustado [cuando no solidario] y se financian gracias a particulares y asociaciones que trabajan mucho malgastando poco. Aparte de alguna que otra ayuda institucional[cortas si la hay], basan su presupuesto en las aportaciones de vecinos, la venta de boletos o camisetas, las barras con precios populares, la implicación de bares y pubs de la zona, todo ello con el apoyo a veces de grupos que ajustan su caché o dan facilidades de pago, sin olvidar el papel fundamental de todo concierto: la colaboración del público, imprescindible para que estos pequeños eventos sigan existiendo y, en ocasiones, creciendo.
Son tiempos duros y estos festivales ayudan a recordar que la unión hace la fuerza, que no es imprescindible gastarse millones de euros para hacer un buen festival, que la pasión y las ganas aun cuentan, más ahora que llueve tanto.
Festivales pequeños... sois grandes.
Por Nano
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