Carta de amor a Amy Winehouse
Amy, soy como tú. Creo en los imposibles.
"Prefiero ver mi ataud entrando por la puerta que a mi pareja diciendo que ya no me quiere".
Esa frase Furry Lewis, muerto el mismo día que tu naciste, un 14 de septiembre, es mucho más que una metáfora. Es una MATA-fora, por lo que tiene de cruel amanecer un día para mirarse al espejo y ver tus labios mascando amargas palabras.
Amy, soy como tú. Una sombra negra sobre una pared de cal blanca.
"Pregúntate si puedes ir tan lejos como para escapar del corazón".
Lo dice Tony Joe White. Lo leo en la agenda que sacó 2008 la gente de Lenoir, una editorial centrada en libros de música. Sí, Amy, sé lo que piensas, ellos también creen en los imposibles.
Te conocí hacia el 2004. Cuatro años después todo el mundo que visitaba Londres volvía diciendo que te había visto o que tenían un amigo que te conocíó cuando cantabas en bares de barra anónima y taconeabas callejones sin flash de cámara roba-almas.
Amy, soy como tú. Un perfil delgado criado entre discos de origen fantasma.
El dvd Samsung que hay en mi salón nunca funciona a la primera. Le doy 8 o 10 veces, así sí acaba por arrancar. Es torpe pero no es tonto. Lo descubro dándole la mano a un misterio.
Son las 21.35 h. en Santiago de Compostela, una ciudad que se parece a tí. Tiene tu tristeza y tu pelambrera alta y oscura como la torre de una catedral. He puesto un recopilatorio de Yo La Tengo al llegar del súper, he dado al play, una y otra vez, otra y una vez pero nada. Llevaba la pena por tu muerte metida en un bolsillo, se me ha caido al suelo al sacar las llaves y he apartado ese cd para buscar a Frank. He abierto tu caja, he puesto tu disco y has empezado a cantar un instante después de mi primera caricia al botón redondeado. NO, NO, NO... NO podía ser de otro modo.
Amy, soy como tú. Un viaje de verano rumbo a Bilbao.
Tú a Bilbao no llegaste porque en Belgrado quedó claro que rehabilitación cohabita con traición. No sé quién se ha burlado de quién. Amy, no te preocupes, ni lo sé ni me importa. Ya está Murdoch y la prensa sensacionalista para mojarse en esos barros.
Amy bajé del avión y el bus me puso frente a tí. Paseando junto al Guggenheim de la ciudad donde nací. Caminando junto al agua de la ría, pasé bajo los carteles del festival BBK y allí estabas tú, arrriba, en un póster exclusivo, con tu blusa negra de abertura larga pero estrecha, tu moño con el pelo amontonado cómodo dormido, tu falda corta, tu cinturón blanco de hebilla redonda, tu melena [des]ordenada hacia la izquierda para dejar al aire ese aro por pendiente, ese columpio de tu sonrisa...
Amy, soy como tú. No entiendo la vida, ni quiero, ni puedo.
Amy, son las 22.27 h.. Se está posando la noche en Santiago. Ha dejado de sonar tu disco. Siento el deseo de dar otra vez al play pero me aterroriza la posibilidad de que el botón se niegue.
He puesto tu nombre en Google: Amy Winehouse. Aparece una página web con tu nombre pero al pinchar acabo en otra parte, en las calles de Facebook. Mira lo que he leo ahí:
"A 2.383.843 personas les gusta esto".
Amy, no sé dónde estaban ellos en el año 2003 cuando se publicó Frank.
no sé dónde estaba yo, y lo peor de todo...
no sé dónde ESTÁ[ba]S TÚ.
Un beso.
xabier s. c.
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