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» texto: Sara Prieto Barrio / Madrid
Foto: The Drones, los australianos se mostraron fríos durante su concierto en Madrid
22 de Octubre 2009, sala Moby Dick [Madrid]
The Drones son un grupo que ya nos recomendó en LaGanzua Brian Hopper [eso me cuentan los compañeros] y... algo tienen. Gareth Liddiard lidera a una banda llamada a salvar el rock en Australia, junto a los espectaculares Wolfmother y a los stonianos Jet. Estuve allí tras una leve confusión con los pases pero todo fue bien gracias a la amabilidad de Eli, promotora de Mercury Wheels... un beso para ella.
Los Drones tienen una relación ambigua con su país natal. Se estenaron allá por 2002, a día de hoy son respetados e incluso premiados pero siguen sintiéndose más cerca del público europeo. Sin embargo, sus mayores referentes no son del viejo continente, no. Miran más hacia la América profunda. Esas raíces blues laten, más que nunca, en su último trabajo, Havilah [2008, ATP Recordings]. No son desconocidos para nuestra audiencia rockera de aquí, de hecho, aquí se editó The Miller's Doughter [Bang! Records, 2005], disco plagado de rarezas; y aquí grabaron su único concierto plasmado en DVD durante una noche en Gruta 77 [Madrid], en 2007.
Sí, había ganas de verles dos años después, de saber cómo sonarían en vivo "Jezebel" o "I'm the supercargo". Y este bolo era un examen para comprobar si es cierto que dejan atrás su vena garagera en favor de melodías más complejas. Así que, ante esa cercanía entre los Drones y España, me imaginé el bolo como una cálida reunión de viejos amigos, pero no, todo fue frío.
Ante una sala casi llena, los Drones empezaron a las diez en punto. Me perdí el primer tema [ni que decir tiene que también al telonero, Julian Elsie] y en mi defensa, diré que fue por causas ajenas. Al entrar, sentí que al resto del público, unas 200 personas, también le costaba aclimatarse. Algo pasaba.
La situación no cambió mucho con el paso del tiempo. Tan esquivos e incomunicativos como la propia banda, los asistentes vendimos caro cada aplauso, quizá por estar un poco incómodos. No es apropiado ser efusivo ante tremendas demostraciones de visceralidad sobre las tablas.
Por el aspecto de las fotos y los carteles promocionales, puede parecer que los Drones son un grupo más del indie rock, con barbas y uniforme negro pero rompieron ese esquema al pisar el escenario. La primera impresión fue de sorpresa ante la gran personalidad de Gareth al interpretar "The minotaur". Aludo al solista porque fue quien más garra puso. Los otros tres miembros le dejaron sólo en su intento por llevarnos a su terreno. Mención aparte merece, Fiona Kitschin, todo el rato de espaldas al público, y que sólo se giró de forma puntual en los coros, esa fue toda su concesión como shoegazer oficial de la banda.
Viéndolos desde el fondo del local [único lugar al que pude acceder], la distancia respecto a la propuesta de The Drones se agrandaba. Por momentos, incluso la particular voz del líder quedaba en segundo plano para darse a la instrumentación. Las canciones se enlazaban, buscando la atmósfera ideal que abriese puertas a la inspiración. La lucidez y la tensión contenida estallaron, de nuevo, gracias a Liddiard. Sobre todo cuando le perdíamos de vista y le descubríamos arrodillado en el suelo, concentrado en extraer quejidos agudos de su guitarra.
Tras una hora de show, el grupo australiano se despidió pero llegó el bis con "The miller's doughter", tema cuya fuerza eriza los pelos a cualquiera. Una sesión de aullidos de diez minutos aclaró que lo suyo es... talento animal.
En resumen, este es un grupo de estilo inclasificable, una banda que captará más fans a través de sus discos que de sus herméticos directos [no más de dos o tres "thank you very much" en toda la actuación]. Quizá por ello, el chico del merchandising volvió a casa con toda la mercancía. Nadie adquirió los vinilos de edición limitada de Havila [2008] a 20 euros la copia, ni ese ni otros trabajos suyos, ni las camisetas de diseños sencillos [y sólo talla L para chica]...
Un jueves como este pudo haber marcado un punto de inflexión para The Drones en tierras españolas, pero faltó que prendiera la mecha. No pongo en duda que volverán y que seguirán tocando en locales con solera como la Moby, sin conquistar a mayores audiencias. Algo que ellos también agradecerán si quieren evitar toda concesión a la industria o a las modas, como hasta ahora.
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