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» texto: Marisol Blanco / Pedro G. Vilavoy / Santiago
Foto: John Cale, perfección sonora cargada de prohibiones en Santiago
6 de Diciembre 2008, sala Capitol [Santiago, A Coruña]
Tras su diurno paso por el festival Azkena Rock 2008, nos moríamos por escuchar a John Cale de noche. A sus 66 años, el músico galés co-fundador con Lou Reed de la Velvet Underground presenta Circus Live [2007], doble disco con grabaciones en vivo repasando su discografía. Huyó de los años sesenta en un soberbio show que incluyó rarezas y manías de quien se cree en un cielo al que aún no ha llegado. Te lo contamos...
Para empezar, sonó "Hello, There", la primera canción del disco Vintage Violence [de 1970], donde también se incluye "Amsterdam", tema clásico que también cayó, en este caso a mitad del show, viaje a Holanda que dibujó el momento más íntimo de una gran noche no exenta de rarezas.
Raro fue ver la sala Capitol empapelada, de arriba a abajo, de carteles subrayando la prohibición de fumar, sólo faltó poner un cartel colgando del teclado de Cale. "Si el artista ve a alguien fumando interrumpirá de inmediato el concierto...", dijo un miembro de la promotora al leer un comunicado desde el escenario como si fuera un pregón en clave de noes, no fumar, no móviles, no fotografías... y aunque al principio no lo sabíamos, también hubo... no bis. Eso sí, un roadie [ayudante del montaje], se apresuró a arrancar la hoja con el repertorio previsto, evitando que descubriéramos si Cale se comió el bis o nunca lo ideó...
La sensación de empezar un concierto tras ese pregón de prohibiciones desató varios silbidos y cierta amargura general, como la que sentías cada vez que alguno de los vigilantes de negro que Cale puso entre el público pasaba a tu lado con su linterna tamaño bolígrafo vigilando si usabas el móvil, una cámara o un mechero.
Detrás de un teclado Kurzweil en lugar del Roland con el que giró por Portugal hace un año, John Cale salió a escena rodeado de botellas de agua, y en la apertura recordó su etapa más ruidista con un par de temas que incluían disonancias, voz tratada y efectos discordantes, jugando con la arritmia para reivindicar, sin excesos, su pasión por el simpre dificil John Cage. A los quince minutos, el galés ya estaba abrazado a la guitarra acústica, que alternó con la eléctrica y las teclas... sonando todo perfecto y con su cara desgajando gestos que indicaban que no venía de paseo. Al cuarto de hora, todos entendimos que John Cale y Banda no son cualquier cosa.
En "Walking The Dog", el galés tuvo problemas con la guitarra, y el grupo alargó el tema mientras un técnico revisaba el equipo Marshall siguiendo las miradas de un Cale algo altivo que empezó la noche con un... "Buenas noches Santiago".
Aunque algunos esperábamos que pudiese caer un guiño a la Velvet Underground, tal y como hizo en su gira de hace dos años, cuando abrió un bolo en Madrid con Venus In Furs, la idea perdía fuerza según avanzaba el repertorio. Apoyado por un trío donde destacaba el trabajo del batería [Michael Jerome; estando Dustin Boyer a la guitarra y Joseph Karnes al bajo ], sonó "Jumbo", una canción de ritmo descacharrado que confirmó la tónica de la noche, teníamos delante a un Cale de mil caras, entregado a hacer temas variados para explicar su poliédrica trayectoria, brillando igual en plan más accesible que en sus guiños ruidistas o rabiosos.
"Helen Of Troy", Elena de Troya, del disco de 1975 de igual nombre, cayó como era previsible, respetando así a uno de sus temas más conocidos. Sonó enorme con esa mezcla de rock donde el desasosiego se alía con el misterio.... Con "Big White Cloud", sentado al piano, el británico rebajó el clima de la sala a tempo de balada, con el coro detrás adornado con una mezcla de reverencia y timidez [¿o excesivo respeto?], pero marcándose una interpretación preciosa, casi celestial, clase y sentimiento del primer al último acorde...
"Perfect", con él a la guitarra, y ese... "Eres perfecta para mi... justo ahora...", rescató al Cale más brit pop que se da la mano con un grande como Paul Weller siempre sin llegar a salir del todo de su cueva de negros, evitando venderse al pop con luz.
Habló poco al micro, aunque agradeció dos o tres veces los aplausos y lo hizo alzando su botella de agua a modo de brindis. Entre sus frases, destacó el anuncio de que iba a tocar algunas canciones nuevas, ajenas al tracklist que forma Circus Live, un detalle muy valorado por algún ultrafan de la primera fila, donde corría el aire porque una asistencia de unas 400 personas supone medio aforo de la Capitol.
Cantó un tema dedicado a la alemana Nico, con quien coincidió en la Velvet. y a quien produjo varios discos aunque, eso sí, no se te ocurra llevarle ninguno a firmar porque, al menos en Santiago, según nos cuentan, hizo esperar más de una hora a sus seguidores y salió el manager a recoger discos con la condición de que: "Sólo fueran de Cale, otros no firma...". De ese modo, cada paciente seguidor escribió su nombre y Cale firmó debajo, o eso se supone; e incluso firmó uno de Nico, aunque su ayudante lo devolvió con una huella de pisada encima... tal y como lo leéis, ¿será que le dio rabia ver un álbum ajeno tras dar instrucciones para evitarlo?]
Tras noventa y dos minutos, "Gracias Santiago, buenas noches...", supuso la despedida de Cale. No hubo bis y tampoco se insistió mucho para que se diera, dejando una sonrisa general en la sala, de extasis en algunos casos considerando que entre los temas finales, cerró con una intensa y casi infinita versión de "Pablo Picasso", tema de los Modern Lovers de Jonathan Richman, que sonó mezclado con otro, creemos que con "Love Me Two", desatando un baile de hombros y cabezas que si alargan el tema un poco más hubiese convertido el local en una rave de hombros dislocados. Tre-men-do.
El británico no tuvo el tacto de presentar a sus músicos y aunque sonó enorme... se pasó con tanta prohibición, más recordando su vida llena de excesos; si Warhol resucitase seguro que le tiraba una lata Campbell a la cabeza.
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