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» texto: Sandra Cortés. fotos: Jesús Cortiñas / Bilbao

Foto: Frank Black, enérgico músico de Boston conocido por haber liderado a los Pixies...
12 de Julio 2007, Kafe Antzokia [Bilbao].
Como era previsible el llenazo, remoloneamos menos de lo habitual y nos plantamos en el Antzokia a las 21:30 horas. Frank Black no viene todos los días, y los Pixies siguen siendo grandes aunque pasen los años. "Media hora antes será suficiente" pensamos como ilusos e ilusos nos encontramos ante una cola bestial con fans poco previsores de cara a la rebaja de 3 euros de la venta anticipada... y eso que se vendían a una manzana de la sala. En fin, ya se sabe, si no dejas las cosas para última hora te pierdes esa emoción.
En la cola me encontré a un vecino de toda la vida,
Charlie, afable como siempre y muy emocionado por la visita
de Mister Black Francis. Nos confiesa que él
no es muy amigo de tener ídolos, pero que el músico
de Boston merece la excepción. Da la sensación
de que todos en la cola son de esa opinión.
Conseguimos entrar a las diez y comprobamos que la sala está
a tope. Sacamos unas cervezas y nos dirigimos al sitio de
siempre, junto a las escaleras de acceso al escenario, nos
gusta sentir el calor de los bolos aunque haya un bafle justo
arriba y luego el tinitus nos dure dos días haciendo
riffs por el tímpano auditivo. Descubrimos a tres chiquillos
esperando en una esquina del escenario, llevan camisetas en
las que pone staff y les dan instrucciones precisas. Nos miramos
de nuevo, alucinados con la nueva cuadrilla de seguridad aunque
no van a tener mucho trabajo. Mirando a mi alrededor recordé
los tiempos de la Universidad, porque estaban todos los de
mi quinta aunque jamás entenderé que ellos y
algún otro se pasara medio concierto jugando con el
móvil, y alguno hasta contestando llamadas. No sé
cómo las leyes de la física pueden permitir
hablar por teléfono en medio de un ruido infernal...
a lo mejor es que la evolución genética ha dotado
a a los quinceañeros de mejor oído.
Tras diez minutos de espera, Frank y su banda suben al escenario
desde la zona de servicios, haciendo una pose como de trabajo
de oficina. Me explico, Frank [con gafas de sol] sube con
una cartera de cuero [un portafolios] como si fuera un oficinista,
la deja, coge la guitarra acústica y nos regala un
inicio de concierto unplugged de unas cuatro canciones
que adelantan lo que traerá la noche: un gran show.
Todo porque este tío es la leche, es un frontman nato.
Sin ser Brad Pitt, Franck es un gran actor y logra que no
dejes de mirarle, sé que hay un nombre para esto, pero
ahora mismo -recordando lo que fue esta noche- no puedo pensar
en otra cosa que no sea su cuerpo restregando la guitarra
con el pie de micro, distorsionando como quien no quiere la
cosa, todo desde una pose erótica que impactaba. Frank
Black sí que sabe, sí, lo que es el buen
teatro.
El repertorio empieza con "Cactus", sorprendiendo
a la audiencia y después de empezar la segunda canción...
no se decide y la manda a paseo, para regalarnos "Velouria"
y la hermosa "Where is my mind?", un tema de los Pixies que te emociona y que se corea a rabiar. Finaliza
la parte acústica con "Headache" y como se
le ve lanzado, se baja a platea despojado de su guitarra y
canta con sorna el "My way" de Frank Sinatra, mostrándose
canalla y juguetón con "Six Sixtysix" mientras
el resto de la banda ocupa su lugar: el batería deja
bajo un bombo una caja de galletitas saladas, como lo lees,
y flipo aunque ya había oído que estos estadonidenses
son un poco raros... a su vera, el guitarra y el bajo parecen
más normales.
Suenan "Tight Black Rubber", "Velvety",
"Thalassocracy", "Threshold Apprehension",
una tras otra, caña brutal, Frank se tira al suelo,
salta, se enrolla el micro alrededor del cuerpo, se seca el
sudor y en el momento álgido y más caliente
de la noche, se sale haciendo creo que una versión
de los Fatboy Slim, "Rockafella Skank", aprovechando
para dar unos gritos cíclicos y montarse en grupa encima
del bombo central de la batería y a cada chillido una
sacudida, como si estuviera acostándose con la diosa
de su imaginación... ¿Consecuencias? Se cargó
toda la estructura del batería y durante la canción
siguiente el batería tuvo que tocar mientras se la
recomponían.
En uno de los temas siguientes, y debido a la cercanía
[estaba en las escaleras del escenario, casi oliéndole
los pies al guitarra), Frank empieza a cantar el tema mirándome
fijamente, quizá porque le extraña mi posición,
sentada ahí, mirándole mientras divago con la
música... Total, le miro un poco cohibida porque el
tío impone, sonrío tímidamente, él
devuelve la sonrisa y como tiene más tablas que yo,
que soy una pobre morta anónima, me sostiene la mirada,
abre los párpados como si le ardieran los ojos, me
clava la vista y... me desarma.
Este tío es un crack en directo, así lo pensaba
antes de verle y mucho más tras este concierto. No
hay tregua. Mientras le doy vueltas al suceso, la noche avanza.
Suena "Bluefinger" y Frank Black se queda
más ancho que largo. Ya hemos llegado a la hora y media
de concierto pero no hay freno aunque al final de "Robert
Onion", se empieza a intuir que el bolo acaba, se vuelve
a colocar las gafas, se ajusta la ropa: se baja las mangas,
se plancha un poco la camisa, se atusa... La ceremonia llega
a su fin. Agarra el portafolios y se larga. Se le escucha
repetir "thank you" a diestro y siniestro, mientras
los miembros de la banda lanzan dinosaurios pequeñitos,
y prefiero pensar que no es una indirecta. Sabemos que no
va a haber bis y aunque no hay setlist que consultar, se adivina
que gritar será inútil.
El desagrado inunda el Antzokia, después de cómo
nos ha arañado el corazón la voz de Black, no
nos merecemos esta fuga aunque seguro que ellos lo ven de
otra manera. Se baja el telón. Fin.
Como siempre, terminamos el bolo dando un repaso al merchandising.
Hay camisetas a un precio de 25 euros y discos a 20. No se
ofrece mucho material cuando creo que con este llenazo...
podían haber hecho buena caja.
Aunque duele la ausencia de bis, la gente se marcha contenta,
aunque hay seguidores de los Pixies que ya habían
visto antes a Frank Black y que le hacen algún
reproche pero para quienes no le habíamos visto en
vivo... el show nos deja plenamente satisfechos. ¿He
dicho ya que hicieron una versión de Tom Waits? Pues
eso, los canallas se juntan en noches como ésta. Y
ahora, a esperar su nuevo disco Bluefinger, cuya salida
está prevista para finales del verano.
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