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[13/ 03/ 2004, Sala La Mode, Córdoba]
Cómo expresar la completa felicidad que embarga a
Juán desde que comienza el concierto. Desde esta atalaya
tan concurrida que es la barra, tiene una expresión beatífica.
Me vienen a la cabeza las líneas de Lev de nuestros queridos
Sidonie, cuyo aroma exhuberante aún hoy puede percibirse
en la sala...
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...Me llamo Juán. Vengo de un lugar frío.
La gente piensa que soy idiota. Quizás estén en
lo cierto.
Y poco le falta a Juán para parecer un perfecto memo,
con esa sonrisa media, que hasta da envidia. Él se ha
quedado en su segunda cerveza, que le da una sensación
de corredor de medio fondo muy apropiada para los ritmos medios
que fluyen en la sala.
¡Pero qué bestias sois! piensa Juán. La música
de los Columpio es la banda sonora perfecta para el guión
de una película de vaqueros del XXI en México. La
trompeta da el toque plácido y evocador del desierto,
mientras que la voz acompaña las escenas de pelea en
el saloon empapadas de tequila.
Son seis en total, los Columpio. Dos guitarras [uno lobotómico
a la manera de Ian Curtis de los Joy Division, el otro
según Carlota, El enterrador], el batería-cantante
con un collar de bulldog, el bajista de lo más
discreto, otro a los teclados, con una apariencia poco saludable,
y el trompetista, tan tranquilito como las melodías que
exhala.
No tocaron todas las del disco ["El Columpio Asesino",
Astro]. Lehiotik, por ejemplo, se la dejaron en el
tintero. Faltaba la insustituible presencia femenina, según
dijeron. Gracias a un espontáneo inquisidor pasamos el
mejor rato. El filólogo en cuestión corrigió
nuestro imperdonable error al pronunciar la palabreja y exigió
se pronunciara Lehiotikan (?). Carlota dio coba al sujeto,
como haciéndose la tonta y el otro, sintiéndose
importante, dio lo peor de sí.
El grupo se despachó a gusto con dos temas de los Pixies.
"Vamos", incluida en el disco, sonó no sólo
más brutal que la de los originales, sino que se superaron
a sí mismos ofreciendo una versión aún más
delirante. La segunda Gigantic, sirvió de fin de fiesta
y según sus propias palabras era un experimento, con
los miembros de la banda incorporándose uno a uno.
Juán sale de la sala, tal y como entró, sin decir
ni mú, con esa misma sonrisa media, estúpida, envidiable.
Carlota sale de la sala, mucho más borracha, igual de
encantadora. Bajo el brazo, un ejemplar de Laranja Ziti
nº 5, garabateado seis veces.
Ambos se van con la satisfacción del deber cumplido:
ser felices un sábado más, como Dios manda.
· comentario
disco ["El Columpio Asesino", 2003]
www.elcolumpioasesino.com
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