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» texto y Foto: Sara Prieto Barrio / Madrid
Foto: El californiano Bart Davenport trajo su calidez a la otoñal noche madrileña
14 de Octubre 2009, sala La Boitè [Madrid]
Bart Davenport se está acostumbrando a girar por aquí con su guitarra y sus ojos abiertos a la curiosidad del contraste entre su California y Europa [en Galicia se volvió loco al hacerse fotos junto a una exposición fotográfica de vacas que él confundía con toros]. El ex-líder de The Loved Ones gira y hace poco ruido pero deja hondo recuerdo. En Madrid, entre todos nos inventamos una hora de concierto donde repasó una carrera recomendable con varios trabajos editados aquí por Mushroom Pillow. Si algo bueno tienen los conciertos con poco aforo es su clima cálido para vestir de color un local desangelado, pero no le restemos méritos al cantautor californiano, su pop nos trasladó al mar de su tierra natal, tanto que olvidamos que aquí octubre no es propicio a los baños de sol.
Bart Davenport se presentó con casi hora y media de retraso sobre el horario previsto, arrancando a pocos minutos de las once de la noche. No es que se negara a subir al escenario a causa de un capricho de divo, de hecho se le vió saludar en los minutos previos al show pero la demora se debía, quizá, a dar margen a los rezagados que se hubieran enganchado al partido de la selección española. ¿Sesión de folk americano y balompié en una misma noche? Difícil, pero no imposible. En definitiva, cuando todos teníamos nuestra cerveza en la mano, un hombre delgado de pantalones acampanados subió al escenario con un estilo que, a falta de mejores referentes, me recordó a un Serrat veinteañero.
Ante el panorama, Davenport pidió al público que se acercase lo más posible y así poder cantarnos de cerca. Venía a presentar su último disco Palaces, aunque como él mismo reconoció "es el último pero no es muy nuevo" porque salió en 2008. Sin excusa promocional de por medio, repasó temas de aquí y de allá, viajando del 1997 al 2009, contando anécdotas y moviendo la cadera a ratos.
En el público, agradecimos su confianza y fuimos poco a poco entrando en el juego hasta el punto de perdonar a Davenport un parón en medio de su hit [si se le puede llamar así] "Jon Jon". Tras unos carraspeos y las disculpas de rigor, todo se solucionó con una mueca cómplice de los asistentes. Sin más apoyo que él mismo, se sirvió de nuestro coro improvisado para los papapá finales de varios temas. Y con eso nos ganó. Con eso y con los beatbox para adornar unas piezas de pop vocal que enorgullecerían a los propios Kings of Convenience, con los que acaba de compartir escenario por Europa y que visitarán Madrid en breve].
Las canciones pequeñas y relajantes, como "Miami afternoon", se sucedían mientras olvidábamos lo tarde que era. Tranquilo pero con toques de buen humor e inesperados cambios de ritmo, nunca sobresaltados, brilló un Davenport melódico pero con cierta garra rock. Cantautor pero no improvisado, siempre con matices y pasando del susurro al falsete con una facilidad natural, este músico vive cómodo en la distancia corta. De hecho, visita pequeños locales de nuestro país desde 1995, como recordó en pleno show. Confesó sentirse muy bien recibido en Madrid, y su fraseo sonó sincero y con tic de nostalgia. Por ello mismo, contó, en petit comité, relatos de largas noches de juerga tejidas entre alcóhol y sustancias de dudosa legalidad.
Hacia el final de la velada la conexión fue ganando en intensidad. La versión tremendamente inspirada del "Only a shadow" de Cleaners from Venus dio la razón a quienes mantienen que con actitud y contención no hay mejor instrumento que una voz. Para cuando Bart dijo del público madrileño que era "el más guapo y misterioso", ya todos estábamos con la sonrisa puesta. Para acabar de contagiarnos su optimismo vinieron temas clásicos y más movidos del estilo de "Euphoria" o baladas como "Sweetest thing", con cierta cadencia bossa nova.
Cuando llevábamos cincuenta minutos disfrutando de la primavera, Davenport amenazó con irse. Hizo falta poco para rescatarle. Antes de dejarnos, nos regaló la gran "L.A. girls", de su álbum Maroon Cocoon (2005), y todos aplaudimos como se merece. Se oyeron peticiones de un segundo bis, pero nos hicimos a la idea de que los atardeceres estivales no son eternos, ahí radica su encanto.
De vuelta a casa, todos íbamos pensando que ya queda menos para un nuevo sábado. Por el camino tarareamos aquello de... "Happy as a clam".
· Bart Davenport, comentario disco 2002 [+]
· www.bartdavenport.com
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